Uno de los usos y costumbres más globalizado es el día de los muertos. Crear un festival en torno a esto con calaveras monumentales sucede como algo pasajero por la influencia de 007 pero se funde con un programa largo en la explanada de Zócalo.

En México no podemos negar la occidentalización, pero queda en el tintero la realidad detrás de la ficción internacional. Hemos perdido cierto asombro con el imaginario de muchas culturas y por ello celebramos una exposición fascinante que nos aleja de la muerte invitándonos a ir más lejos todavía.

Afuera hay una instalación frugal de Betsabé Romero con unas trajineras de escala natural homologadas en un desorden perimetrado por vayas de acero.

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Se siente un poco el espíritu del centro cuando se aplican los escenarios a explotar la acústica. El Palacio estaba cerrado y los caminos entrecortados por la cantidad insólita de seres humanos pululando en busca de la huesona.

Caminamos tratando de cruzar por el pasaje interpiramidal pero estaba cerrado. Hace décadas están por terminar y de lejos se ve que ya la calle la volvieron a hacer. Al otro lado del Templo Mayor donde esta el FONCA queremos transportarlos como distracción de las marchas por la huesuda hasta el lejano oriente.

Es difícil brincarse la maravillosa obra mural en el #Museo de San Idelfonso. Difícil comprender su importancia en un sólo golpe sin acceder a su vida performática y oferta de educación. Debe ser difícil decidir quién ocupa sus salas aunque en esencia nos dirigimos hacia un modelo que se realiza en el contexto de un recorrido. Siendo un museo nacional, no sobra la persuasión de lo chino. Además, el paseo garantiza enfrentarnos al mismo absurdo monumental en la adopción e hibridación de la Historia, considerando los periodos definidos desde el Renacimiento, por lo menos en el área de los objetos catalogables como arte.

La planta baja divide la obra del Museo Nacional Chino en tres categoría principales. En una revelación nos hacen presente una homologada técnica pictórica y en otra hacen alarde de su gran imaginación cifrada contrastando las técnicas de la tinta y la caligrafía con el concepto Yeiyi. En una tercera rama el ambiente gira en torno a la vida mágica de sus máscaras.

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Se honra la tradición de las marionetas, el teatro de las sombras, fenómeno en sí catalogado por la UNESCO como parte del patrimonio inmaterial de la humanidad.

Como complemento se ha diseñado un catálogo excepcional que se vende en la librería en aproximadamente mil pesos. No se ha realizado alguna versión más amigable. Ni se ve que haya muchos souvenirs del remoto continente. Nos causó mucha exaltación encontrar los recorridos sazonados con el despliegue del color en las paredes. No hay un juego museográfico radical, pero en la medida de sus intenciones honomásticas se ha dado buen lugar a las maravillas del ingenio transcontinental.

No sabemos decir si un país tan formidable puede reducirse a un puñado de objetos cuyas cualidades nos permiten hacer la distancia con las artes de Europa que venimos haciendo todos. No sabemos si en China también se dio cada vanguardia. Se nota el brinco a la abstracción, lo tradicional omnipresente y algunas notas donde la mano se vuelve muy realista o idealista.

En torno a "China no es como la pintan", hay algunas actividades que irán caducando hasta el año siguiente. Al salir, siente uno el magneto de varios recorridos y la historia no tan secreta del edificio y ya no hablemos de los eventos acaecidos en el Siglo XVI.

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#turismo cultural #Cultura Ciudad de México