Reconocemos en la actualidad los contrasentidos más inéditos. El monstruo de la civilización nos aterroriza descubriendo eventos que Nostradamus mismo podía entrever. En contraste, asumimos cómo la tecnología nos atonta y puede dominarnos culturalmente, al un punto de que sería más fácil recomendarles dedicar su ocio a jugar con alguna caricatura o animé.

Sin embargo, hacemos necios lo opuesto pues existe el reclamo de la otra historia, aquella no basada en los medios de comunicación. Hemos querido persuadirlos esta vez, con algo más simple encomiándolos a descubrir lugares y sitios cuya apropiación, aparte de ser un derecho, también suena a obligación.

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Por ello nos alejamos de la CDMX haciendo caso a un oído sordo cuyas voces no mienten al descubrir nuestra identidad en castillos y bastiones, lo mismo que en catedrales y palacios de gobierno. No hemos sido tan afortunados como para abarcar la cultura del espectáculo, pero es grato hacer para ustedes el recuento de recursos aveces conservados más allá de la perfección.

Para ir al Puebla se requirió el doble de lo que invertimos para ir a Toluca. Es muy incómodo hacerse al viaje y primero hay que llegar a la Central Tapo, misión que le curtirá por el flujo de las masas hacia aquel rumbo. Todo el entorno es bonito y horroroso por San Lázaro, sobre todo la oposición entre la gente de batalla sin ingreso legítimo y la de élite que labora en las instituciones millonarias respaldando los poderes de la unión.

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Subimos a un autobús, tan confortable que parece como si nos estuviera cogiendo una mano de confort, y así pasamos la distancia a cortina cerrada, confiados con la presentación de algún buen film que nos distrajese sucediera lo que sucediera fuera. Por cierto, nunca nada mexicano, ni necesariamente en castellano. Como nada más son dos horas. Un buen fin.

La CAPU, Central de Autobuses de Puebla, no se muestra en lo bonito hoy en día, ni con respecto a la estética de su construcción, ni con el argumento de un diseño ideal. Va uno y nos da la idea de un Súper Center que luego como en México, se va juntando con el caos del comercio semi formal, informal y las auto vías provistas de puentes, túneles y segundos pisos.

Llegar a los fuertes no es complicado, se ha querido hacer un parque de diversiones ahí, en alguna medida parecido a Chapultepec, es decir que el espacio se ha intervenido paulatinamente con el emplazamiento de museos del INAH, y así mismo de espacios como el Centro de exposiciones, el planetario y se puede llegar en telesférico.

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Nos enfocamos en la geografía y la historia. El simple caminar de un punto a otro nos lleva buen rato pues en el aire aún se respira la naturaleza de un sitio estratégico que dio la ventaja a las huestes mexicanas para detener a los franceses en la batalla del 5 de mayo. Hay una vista sensacional y se asoma un poco la presencia de las fuerzas armadas haciéndole honores a la bandera.

Se cobra la entrada en cada atracción y cada una ostenta una museografía interesante en cuanto al proceso del México independiente. Hay muchos cañones y las fichas con el montaje frugal hacen buena referencia, aunque nos vamos con dudas cuando miramos una perspectiva invadida a tope de montaña.

En el Centro Histórico a breve distancia hay tantos museos como puntos de vista desde donde abordar el arte. Nos interesa anticipar noticias del Museo Amparo cuya colección nos intriga, tanto como los tesoros de la bellísima Catedral. Hasta aquí comer en los arcos y de retache a Tenochtitlan. #turismo cultural #Puebla,Puebla #parque cultural