En Internet está disponible para su descarga un libro para colorear sobre las Panteras Negras, organización #Política y nacionalista negra, socialista y revolucionaria, creada en Estados Unidos en los 60, en respuesta al racismo, acoso y violencia policial ejercida sobre la comunidad afroamericana.

Aunque en principio, al hojear sus 13 páginas, parece que se trata de un discurso en el que se enaltece la lucha mientras se elimina a los “cerdos” (término usado para referirse a la policía), se cree que se trató de propaganda producida por el propio gobierno norteamericano, a través del FBI, y que fue divulgada en los barrios de clase baja para desestimar los objetivos y la lucha del partido.

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La propaganda, como ejemplo en particular, nos permite establecer un contexto para hablar de la estética sociológica y cómo el #Arte es usado como herramienta del discurso político… Pero, ¿es el arte capaz de generar cambios influyentes o su uso en el marco de un museo lo relega a un mero hecho estético?

Según Lucy Lippard, crítica de arte, activista y feminista norteamericana, el arte desde una intención social es una crítica al poder. Para Rudolf Baranik, artista y también activista, el arte sirve más bien como una herramienta dentro del discurso didáctico, mientras que los detractores de la estética sociológica afirman que el arte no es capaz de cambiar nada.

Los derechos civiles entran al museo

El arte como activismo se ha hecho un espacio en el museo y de la galería. La participación del intelectual ya no es el de productor del conocimiento, tal y como discutieron Deleuze y Foucault en 1972, ahora su función es la de organizar luchas, impugnar las formas del poder, y denunciar.

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Actualmente, las obras de John Akomfrah, Terry Adkins y el galardonado director de cine, Steve McQueen, forman parte de una exhibición organizada por el Museo Colección Berardo en Portugal. Bajo el nombre Unfinished Conversations: Encoding / Decoding*, la muestra reúne instalaciones de vídeo-arte que intentan reflejar la realidad socio-política actual.

En el caso de la obra de Akomfrah, y que da nombre a la #Exposición, su instalación usa archivos personales del sociólogo Stuart Hall para hablar de la identidad, no como fenómeno del ser, sino como producto de la memoria y el entorno. Además de mostrar la relevancia política que tuvo Hall como uno de los creadores de la izquierda británica en la década de los 60.

La pieza de Terry Adkins, Flumen Orationis (From the Principalities), rinde homenaje a dos figuras de la cultura afroamericana: se sobrepone el discurso de Martin Luther King Jr., Why I Am Opposed to the War in Vietnam (1967), con música de Jimi Hendrix, mientras se proyectan fotografías de dirigibles de principios del siglo XX que eran destinados al transporte de material de guerra.

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En el caso del director Steve McQueen, su obra End Credits rinde tributo al cantante, actor y activista Paul Robeson. Su instalación muestra cientos de páginas de informes del FBI que son leídas en voz alta y que dan muestras de los años de vigilancia, discriminación, persecución y racismo, del que fue víctima Robeson por su inclinación política durante la era McCarthy.

¿Por qué hablar de derechos civiles en el entorno del museo? Porque el discurso político per se ha dejado de ser relevante y es en este contexto que el arte debe usar su voz como discurso político y ser activismo al denunciar y educar sobre los recursos que los espectadores, más allá de meros testigos, tienen a su alcance para que su voz sea escuchada.

No se trata de usar herramientas capitalistas o el arte como parte del mercado para sustentarse y auto-devorarse. Más bien se trata de la dialéctica del arte y de lo político como un todo que libera y que usándolo concienzudamente puede intensificar nuestra voz.

*El título de esta exposición está inspirado en el ensayo de Stuart Hall, Encoding and Decoding in the Television Discourse (1973)