Lo confieso: tengo 34 años y me gusta la youtuber mexicana Yuya. La mañana de cada miércoles y de cada viernes, mientras me preparo para salir a trabajar, me conecto a la famosa plataforma para revisar el último video subido por #yuya.

Lenguaje fresco y cotidiano

Esta joven influencer tiene más de 17 millones de inscritos a su canal y usa un lenguaje fresco y cotidiano. Su público es mayormente adolescente pero repito, no me da pena decir que me encanta. Muchos me preguntan que qué es lo que encuentro de atractivo a una chica mexicana que se dedica a las redes sociales y que pareciera tener una vida color pastel. Qué puede tener en común Yuya conmigo, que vivo en Roma (que en este caso no es la urbanización cool de Ciudad de #México sino la capital italiana), que supere los 30 años, soy una empleada y no tengo tiempo ni para lavarme el cabello.

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Mucho menos podría dedicar un día a hacer uno de los “cinco peinados para fiestas”, o los vasos con corchos para ordenar mis lápices colorados, o pintarme las uñas con calaveras (que para quienes no ven los videos de la guapura mayor, son algunos de los videos más vistos del canal de Yuya. Nota: el video de los peinados supera el record de 41 millones de visualizaciones).

El entusiasmo en lo trivial

Yo respondo que más que condiciones comunes, lo que me une a Yuya es el placer de relajarme viendo sus videos. Los colores, la sonrisa y el entusiasmo me contagian. Cuando mi humor espanta hasta los mosquitos, me encierro en un espacio en el que estamos ella y yo junto a millones de guapuras silenciosas y conversamos de cosas triviales que suavizan los nervios. Y así me sorprendo buscando el ángulo más adecuado para mi “trenza despeinada”.

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O poniéndome esa sombra color café que me hace ver cool y a la vez natural. A todas se nos han resecado los labios y todas hemos tenido que arreglar la ropa en nuestro armario.

El miedo de la pérdida

Cuando Yuya aconsejó “no compararse con otros” y buscar lo que queremos “por nosotros mismos”, me ayudó. Cuando habló de cuánto sufrió por la enfermedad de su mamá, y el miedo de perderla, sentí que estaba “platicando” con una amiga que me entendía. Sinceramente, creo que es una de las recetas más sanadoras que existen. Porque ese miedo a mi también (y a muchos) me paraliza. Y sí, es cierto, ni nos conocemos, pero igual me gusta abrazar el placer de esa conexión (mediada por la tecnología).

La compañía de las nuevas tecnologías

Los “En vivo” de Yuya – que están aumentando, ya que no requieren de pre-producción y edición y han tenido una buena acogida por la espontaneidad – son una especie de encuentro en la sala de la casa de una amiga. Ella no te responde pero te hace reír. Si bien es cierto que con las nuevas tecnologías nos hemos aislado, también es cierto que en algunos momentos ayuda a no sentirnos solos.

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Especialmente en un mundo globalizado, en el que muchas personas cambiar de residencia y se ven alejados de los propios afectos.

El placer de sonreír

Tengo más de 10 años de Yuya y una vida seguramente más frenética. Sin embargo, nos une el hilo de la feminidad, la sensibilidad humana y el placer que probamos a quienes nos gustar sonreír. #Internet