Con un selecto repertorio que conjugó piezas representativas de la cultura mexicana, ayer la Orquesta Típica de la Ciudad de México inundó el Alcázar del Castillo de Chapultepec con sonidos que, escuchados fuera del país, seguramente le enchinarían la piel a cualquier connacional que añore su patria. Y es que el sonido producto de la mezcla de instrumentos como el salterio, la marimba o los bandolones, con los que estamos que estamos acostumbrados a catalogar como “de orquesta”, es algo completamente mágico.

En este concierto, que forma parte del programa Escenarios Vivos en tu Ciudad (de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México), la gente ya estaba expectante ante la orquesta dirigida por el maestro Luis Manuel Sánchez Rivas, y la obertura no pudo haber sido mejor; la “Sinfonía de la Sandunga”, compuesta por Pablo Marín, inmediatamente alborotó el entusiasmo del público que llenó el recinto, el cual se remontó hasta el seco calor del Istmo de Tehuantepec.

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Los asistentes apenas se recuperaban de asimilar los efectos de la primera pieza cuando ya las primeras notas del “Vals popular”, original de Atlas David Zaldívar, comenzaron a sonar para rememorar al vals como uno de los ritmos más arraigados en la cultura popular mexicana, en un espacio como el Alcázar, donde parece que el tiempo no ha pasado, y donde seguramente Maximiliano y Carlota hubieran aceptado bailar la pieza con alguno de los asistentes.

Sin embargo, todavía había mucho por delante. Así sonaron “Tierra mestiza”, creación del compositor Gerardo Tamez, y una obra para flauta e instrumentos de cuerda del estilo impresionista de José Pablo Moncayo: “Amatzinac”. De esta manera concluyó la primera parte del recital.

Para el complemento apareció en escena el Coro de la Orquesta Típica de la Ciudad de México, con composiciones que han trascendido en el ámbito popular, hecho que demuestra que dichas piezas no están peleadas con la música de concierto.

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Así, sonaron “El organillero”, de Agustín Lara; “Besos Robados”, de Jorge del Moral; y, con arreglo de Higinio Hernández, “Fantasía de la Revolución Mexicana”.

El cierre no podía ser más apoteósico con la “Suite regional”, esta vez con arreglo de Félix Santana y, por supuesto, no podía faltar el ya tradicional “Huapango” de Moncayo, el cual ya se ha convertido en una pieza emblemática de la Orquesta Típica, siendo disfrutada por sus seguidores al tratarse de un referente de la música mexicana ante el mundo.

Al concluir, el maestro Sánchez Rivas, quien fungió como director invitado para este concierto, manifestó que se sintió muy contento y privilegiado de participar con la Orquesta Típica, a la cual calificó como “un tesoro”, no solamente para la Ciudad de México, sino “para todo el país, capaz de llevar la historia y tradición musical mexicana a cualquier parte”. #Chapultepec #Orquestas #Cultura Ciudad de México