El ciudadano del siglo XXI debe estar enganchado con nociones como la representación de la belleza. Esta búsqueda lo llevará al Centro Histórico, a los lugares donde se guardan las reliquias y los misterios de nuestra identidad. Elogiamos el trabajo del Gobierno por facilitar el acceso depurando cada plaza y cada jardín conjuntamente con la Federación. Obligados a reconocer una imagen distinta del pasado acompáñenos a la Academia de San Carlos.

Como ante sala, en la estación Pino Suárez se están renovando los vestigios del templo a Ehecatl. El espacio vuelve a imaginarse a tono con los corredores multitudinarios gracias a la rehabilitación de las vitrinas que pretenden hacer más funcional la parte cultural del Sistema de Transporte Colectivo. Las calles alrededor del edificio de la Academia se han perfeccionado, aunque se siente siempre la presión del ritmo en el avance de los coches y los comercios apropiándose del barrio, desde la Santísima y hasta Jesús María. Por ahí se venera también a la Santa Muerte y hay una serie de estatuas de ángeles quebrantadas.

Este es el principio de la ciudad; desde el Virreinato cuando no era inusual que el Rey legislara sobre la protección de las artes y los oficios. La historia del recinto en cuestión va superando los procesos históricos, aunque el escándalo actual es la indiferente convivencia de la comunidad universitaria con el hundimiento de sus edificios modernos. Se corrompe el funcionamiento pese a la magia que debe ocurrir cotidianamente.

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Otro ejemplo del deterioro es que contrario a la lógica necesidad de distribuir el trabajo de la FAD, las galerías de arte contemporáneo se han cedido como salones para la Educación Continua.

Permanece un periodo caótico, más allá de la superficie. Por lo demás todo está planeado, cada posición de sus estatuas, cada curso y taller. La oferta se nutre cada semestre, hoy se manejan aprendizajes exclusivos que enmarcan la razón de ser de la técnica tradicional. Medra como sea una frontera con la parte funcional de una joya de la arqueología arquitectónica. ¿Se pueden hacer avances? ¿Bastará con los usos que se le dan o corresponde anticiparse a la proporción del Siglo XXI?

Ningún edificio por ahí se ha puesto a cavar estacionamientos. No hay puentes o pasos a desnivel. Las calles se han actualizado, pero la política ha querido detenerse en su progreso y no se ven inversiones que lleven el proyecto más lejos abriendo cafés y hoteles boutique.

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En el segundo piso hay un Centro Cultural al cuidado de las exposiciones que ahora son las únicas del recinto. En este caso tampoco se ha privilegiado una mirada conceptual. El recorrido comienza y termina con Carlos III proporcionándonos distintas maneras de acercarnos a la historia de la Academia. Las excéntricas galerías cumplen con su influencia hacia el silencio del dibujo y el grabado. No se necesitan muchos recursos para darle cuerpo a un periplo asistido por el ideal de la belleza clásica y las tenencias en las sociedades por preservar el buen gusto en el diseño de sus ciudades.

Contemplamos modelos que fueron marcando la consolidación de las artes decorativas. El sabor auténtico mexicano se encierra en estas formas. Con un sistema lúdico que al pisar activa un vídeo, se explica en un mapa la historia de algunos edificios. Hay unos sillones que tienen la intención de relajarnos rendidos en la fuente de la tentación. #turismo cultural #Academia de San Carlos #Crónica Ciudad de México