• Ya sólo habla de amor, (Ray Loriga, Alfaguara)

El escritor español nos presenta un libro en el que su voz se escucha más pausada que antes; Si bien, Ray Loriga suele ser conocido como un escritor ácido y de frases certeras, con Ya sólo habla de amor, descubre el punto exacto para suspender en el aire todas las palabras y pensamientos de Sebastián, el personaje principal, que levita en la cámara principal de un laberinto de decepciones y esperanzas fincadas en la irrealidad.

El libro es un extenso monólogo en tercera persona en el que se nos narra la historia y razones de un hombre enmohecido por la nostalgia del pasado y mientras un poema de William Blake tambalea dentro de su cabeza, Sebastián se empeña en retorcer la memoria a tal grado de vivir lo ya vivido.

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Un perfecto libro que condensa la agilidad de Loriga para puntualizar con ingenio sus frases en un collage de pensamientos que garantizan una muy amena lectura.

“…Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé” Así comienza el libro que definiría el pensamiento de Camus; la absurdidad de la existencia navega entre los mares del día a día tan rápido que apenas somos capaces de notarla. El ganador del Nobel nos cuenta como el señor Meursault, protagonista de la novela, se ha dejado atrapar por la dinámica del absurdo; Nada tiene sentido para el hombre que se ve ajeno a la puesta en escena de la sociedad moral.Camus se adentra en la mente del lector ofreciendo una ampliación al sentido de realidad que cada uno de nosotros poseemos, un libro imperdible y sin desperdicio alguno.

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  • Los tipos duros no bailan, (Norman Mailer, Anagrama)

El libro nos sumerge en las vicisitudes del escritor, ex presidiario y cultivador de cannabis, Tim Madden, los cigarrillos, las rubias, y sus fantasmas personales cargan de melancolía y crudeza una novela que, a la par del misterio y suspenso, llenan las páginas de una brillante prosa y una muy amena lectura. Mailer se ganó un nombre dentro de los escritores norteamericanos con su primer novela, Los desnudos y los muertos, y con Los tipos duros no bailan, repite la dosis de hilaridad y complejidad narrativa que nos eleva a un sitio donde el tiempo pasa demasiado rápido, y no escatima en dejarnos con ganas de leer un poco más.

  • Nombre de perro, (Elmer Mendoza, Tusquets)

El tercer libro de la saga del zurdo Mendieta, nos adentra de nuevo al sutil lamento del mundo del narco en México, todo esto narrado desde una novela negra que sabe cómo hacer reír al lector al tiempo que lo mantiene atento a la historia. Elmer Mendoza, nacido en Sinaloa, toma con pinzas una historia que se desarrolla perfectamente, mientras a fondo de telón, la crítica social se escucha suavemente.

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Es un excelente ejemplo de manejo en la prosa, el modo en que nos narra la historia del zurdo Mendieta no descubre un escritor capaz de dar con el clavo en el momento perfecto y a un ritmo preciso. Las conversaciones se expanden en una masa narrativa, los diálogos fluyen dentro de un mismo barco que desemboca en un estilismo muy propio; un libro que sabe atrapar, y que garantiza una buena tarde para cualquier lector.

  • Por el camino del Swann, (Marcel Proust, Alianza editorial)

Una de las obras cumbres de la literatura francesa. Por el camino del Swann es la primera de siete partes de la novela En busca del tiempo perdido, que Proust escribió entre 1908 y 1922. En este primer ciclo de la obra total, Proust nos introduce a un mundo de nostalgia por lo pasado, al amor, a la infancia, al tiempo que se ha ido y no volverá. Una de los pasajes más memorables del libro, es cuando el narrador (El mismo Proust) se come una madalena y su sabor transmite a sus recuerdos estancias y olores propios de la infancia.

Por el camino de Swann es un clarísimo ejemplo de buen gusto en la escritura, una de las obras más importantes de la literatura universal y una novela cuya lectura merece la pena escudriñar. #Libros