Por Mitzi Vera

Twitter: @mitziperiodista

La ópera suena en la radio mientras la conductora alemana, de cabello oscuro y piel blanca, te platica sobre su carrera como maestra, a sus 30 años no ha encontrado un hombre que le agrade o comparta intereses con ella. La oscuridad es cómplice de la charla, el frío congela hasta los huesos de cualquiera. Luego de estar tres días en Dinant, al fin aparece en el camino un edificio grande, los vidrios de las ventanas indican que efectivamente han llegado a la ciudad.

Bruselas te abraza, al bajar del auto amarillo y despedirse lo primero que ves es una pelea entre una prostituta y un tipo alto y robusto afuera de un bar.

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Pasas rápido esperando encontrar algo de comida en la panadería de la esquina; mala suerte, abren hasta las ocho de la mañana y apenas son siete y media; tu celular no aparece, ojalá no lo hayan robado los carteristas.

Entre tres chaquetas y un abrigo lo buscas, revisas la mochila y nada. Hasta que al fin cae al suelo; las dos chicas rubias y regordetas de la panadería platican, al parecer no les importa que estés afuera en medio del frío inmenso. Decides caminar para buscar otra opción, solo hay un hotel de cinco estrellas con un menú de 40 euros, mucho para tu presupuesto de mochilera.

Dan las ocho en punto y el olor a pan y café llenan la avenida. Regresas al lugar. Compras un chocolatín con café por solo cuatro euros; realmente no entiendes de qué platican, hablan belga, solo ríen y no atienden la caja.

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Tienes dos opciones: dormir toda la tarde luego de no haberlo hecho la noche anterior o dejar que Bruselas te atrape.

Sales del café y caminas unas cuadras, de pronto aparece el Museo de Historia Natural, caminas por una plaza comercial y oh sorpresa: llegaste a la Grand Place, definitivamente Bruselas le quita el sueño a cualquiera, es una de las más bellas según Víctor Hugo. Lo confirmas: los edificios beiges con gris que parecen castillos, no parece que en 1965 fueron destruidos a causa de la guerra.

La Navidad ya llegó aunque apenas es noviembre, los adornos cubren las calles. Aunque a finales del siglo XVIII sufrió la pérdida de algunas esculturas todo está impecable. Hay soldados en todas partes: en Estrasburgo la policía detuvo a terroristas que pensaban atacar el mercado de navidad, no es para menos tanta seguridad, hace un año en Bélgica hubo un atentado.

El mercado de navidad te recuerda lo hermoso de las fechas, las personas hacen filas para comer los característicos waffles o papas fritas.

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Las culturas de países como Alemania o Francia están presentes. ¿Quién iba a imaginar que antes de las grandes construcciones todo era agua?

Jean Bornoy fue el arquitecto que le dio forma a la majestuosidad de los edificios, el Museo del Instrumento está por cerrar, así que debes darte prisa; las chicas encuentran divertido en posar con los soldados quienes portan sus uniformes verdes con orgullo. Alzan las armas, las presumen. Personas mayores dan paseos, los jóvenes se ahogan en cerveza en uno de los puestos.

Bruselas se siente, se huele, se disfruta. #Turismo