Con ánimo de refrescar nuestra mirada de ciudad hemos explorado distintas regiones de México destacando la actividad que el Estado practica en el financiamiento de museos y exposiciones. En cada capital es siempre asombroso descubrir las apuestas que hacen los gobernantes en turno para darle la oportunidad al ciudadano de mitigar una imperante ignorancia con respecto al arte.

Hemos visto este año cómo la Ciudad de México es punto de referencia internacional en la representación del arte del Siglo XXI, incluso en el juego que existe con diseñadores y arquitectos actualmente, mas resulta oportuno salir y descubrir en otras urbes aquello que en teoría se va dando como parte de la modernidad.

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Visitamos Culiacán, una fantástica capital de bonanza. El granero de México respira en una ciudad con características exclusivas que le imponen retos a corto plazo para desalinearse del deterioro ambiental que conlleva el crecimiento demográfico desproporcionado.

Caminando por la rivera tomamos conciencia de distracciones distintas al stress, mas ciertamente la cantidad de coches y camiones también mantiene en jaque la circulación. El río ha sido conservado y cruzan tantos puentes peatonales que se convive a ambos lados de un jardín ecológico.

Hay dos templos importantes. Ninguno deslumbra de magnificencia, aunque según nos platicaron, de estas tierras han surgido Santos que irán escalando las jerarquías celestiales. La universidad es un encanto y el resto de la ciudad se concibe desde lo bonito en el centro, aunque existen barrios menos organizados.

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Para el que va de paso, queda acercarse al Zoológico e intrigarse con las colecciones arqueológicas específicas de la región. Hay algunas galerías, un teatro y diversos restaurantes junto a las iglesias. Como remate, Culiacán ha preservado así mismo, una serie de bastos parques interiores.

Se nota nuestra época porque mucha gente no suelta el teléfono o el pad. Fuera de eso, no se han inventado muchos nuevos edificios y las mejoras están más de acuerdo a la creación de puentes vehiculares y pasos a desnivel. Hay varios mercados en el centro histórico, algunos hoteles de marca.

Quisimos explorar esta ciudad tan distinta a la CDMX y topamos su Museo de Arte, no muy lejos de su museo para las adicciones. Ingresamos al primero tratando de extender el tiempo de la visita lo más posible para dar un punto de vista acerca del patrimonio que se pone a nuestra disposición.

El arte contemporáneo no está presente en estos rincones. Dotado de una nave de doble altura, el MASIN no ha ingresado artistas polémicos; y vaya decir esto cuando actualmente se presenta una colección entrañable de Alfaro Siqueiros considerado un rebelde en su momento.

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La planta alta se aprovecha para dar una idea de la diversidad en el arte moderno. Hay piezas excelentes en mediano formato de celebridades actuales como Cuevas y Morales, tanto como obras precedentes que se antojan como una antigüedad.

Los culiches tienen suerte de tener así mismo una librería con títulos que rivalizan con los de Educal en alguna medida. Ahí también es sitio para tomarse un café y buscar las actividades culturales que se realizan en torno a ese y otros espacios. #turismo cultural #crónica de Sinaloa #museo de arte