Hace unas horas, en una entrevista con el director de la más reciente adaptación de los Power Rangers, se dio la noticia que uno de sus integrantes es lesbiana. La noticia sorprendió a muchos (y más a los que sospechamos desde siempre que los cinco superhéroes de colores son gays). Esto es acompañado con lo ocurrido hace unos días con La bella y la bestia, dirigida por el cineasta y activista LGBT, Bill Condon, que anunció que un personaje era homosexual. Esto provocó la prohibición de la cinta en algunas partes del mundo y en EE.UU.

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Y para colmo, la famosas “escenas incómodas” ni graciosas resultan. Es sano el hecho que exista cada vez más apertura en el cine y la sociedad en general, pero en tiempos en que se cuenta con un presidente de los Estados Unidos que todavía usa (así como suena) a sus mujeres como ornato –no por nada es dueño del concurso de Miss Universo– y además es enemigo declarado de cualquiera que no sea blanco, católico, rico y heterosexual, es terreno peligroso. Se cuenta que podría haber un pacto desde cierto sector de Hollywood para poder hacer cintas que no humillen al régimen, así como ocurrió en los años cincuenta, que la parte más reaccionaria de la industria se sumó a las filas del Mccartismo o cacería de brujas. Si esto pasa, habrá que tener cuidado, ya que lo ganado por el ahora ex presidente Barack Obama en cuanto a la presencia de los latinos, afroamericanos y demás minorías, pende de un muy delgado hilo.

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La pasada ceremonia del Oscar sirvió para demostrar que Hollywood cerró sus filas contra el presidente de la piel naranja al llenarla de consignas y protestas hacia sus ideas, así como al premiar a cintas que son “incómodas” y sacar de escena a Clint Easwood y su notable Sully, debido a que el director apoyó la candidatura de #Donald Trump.

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De poco sirvió realmente su declaración de principios, porque el “bad hombre”, acostumbrado como está a twittear todo lo que le parece mal, no hizo ni la más mínima declaración. En pocas palabras, los ignoró. Poco a poco ha ido aprendiendo a ser discreto y seguramente se encuentra a punto de dar un golpe que pocos o nadie se esperan.

Ahora bien, Power Rangers seguramente es simplemente otro eslabón en la cadena, una cinta más que busca posicionarse con el trending topic. No será, seguramente, una buena cinta (eso sería más sorpresivo que saber que uno de sus integrantes es homosexual) pero es parte de una oleada de cintas que buscan colocarse fácilmente más por el escándalo que por otra cosa. La serie de Netflix, Iron Fist, por ejemplo, lleva la crítica más ridícula, porque muchos activistas piensan que el personaje debería ser asiático, aunque históricamente ha sido blanco; caso contrario a lo ocurrido hace tiempo, cuando las redes sociales estallaron en furia porque Antorcha humana, uno de los personajes de Fantastic Four (2015, Josh Trank) se volvió afroamericano en la adaptación..

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Los liberales están revueltos, viviendo una sana pero alarmante anarquía, sin darse cuenta de que, al ser tan explosivos, obtusos y complacientes, están cayendo en lo mismo que critican de los reaccionarios que tanto odian, en la radicalización y el chauvinismo. Dicen que no hay peor ciego que el que no puede ver y también que en tierra de ciegos, el tuerto es rey. Esperemos que los liberales abran el ojo antes que Donald Trump. #PowerRangers #Estrenos de cine