Pese a estar destinadas al relativo fracaso comercial, la mayoría de las producciones que se apoyan con las leyes que hay a favor de su creación, son indispensables para comprender lo que nos esta sucediendo como sociedad. Sin embargo, como podrán confirmar, a quién se da a la tarea de buscar su identidad, el nuevo cine se encuentra a unos clicks de distancia de forma gratuita en el cyber espacio.

Semana Santa de #Alejandra Márquez ha sido multi patrocinada y realizada con mucho esmero gracias a la apertura que hay por fortalecer el punto de vista femenino, aunque tampoco se despega este de lo patético. Para la directora que tiene su trayectoria basada en otros medios, los mexicanos jóvenes no tienen otra opción que vivir de asumir la simulación y ser felices.

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No se trata de un film tan académico en el sentido de la fotografía, si bien el montaje y el diseño del sonido se despegan del refrito para la televisión. Ale desarrolla en cambio una tragicomedia densa con un ritmo lento, cuyo entretenimiento no conlleva un desenlace mágico. La familia contemporánea se opone a la tradición, de tal forma, que en vez de salir airosos, de esta entrega más bien salimos con miedo.

Consideremos en nuestros filtros de apreciación los aportes al trama del propio #cine mexicano. #semana santa plantea un absurdo solamente para denunciar el status quo y se nota un desapego con la responsabilidad social cuando se hace un refrendo a la realidad aparte fundada en la vida de los artistas y técnicos.

Sólo así se explica una pareja entre una mujer de piel y pelo tipo caucásico y un galán más naco tipo lanchero de un tono de piel tirándole más al negro.

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Meten el dedo en la llaga porque se sobre entiende que ella no lo tolera y, para ofenderlo le recalca su naquez. Esto suena a juego en la pantalla, pero explica porqué los grandes ganadores y estrellas del firmamento cinematográfico generalmente tienden al tipo judeo cristiano.

Es decir que tampoco en el Gobierno se espera un cambio de cultura y, por ello, no resultaría verosímil que el hijo de la protagonista se pareciera más al príncipe George. En general los tres personajes se oponen radicalmente al estilo de belleza que se vende en la publicidad y en las cadenas de televisión comercial. Justo el meollo es que la mamá tampoco se puede vincular en el contexto de la Barbie tipo la primera dama.

Una película muy poética recomendable para gente con un gusto curtido, que no se disguste con una versión opuesta a las vacaciones que generalmente nos hacen reír con el folklore de Acapulquito. La nueva familia no viaja con la abuela y nos llena de razones para entender porqué la juventud debe drogarse o permanecer 100% bajo los efectos del alcohol.

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Ella se sube al Jet Ski y se pierde en las dimensiones del sin sentido en la bahía. Ni es mamá, ni es pareja, ni es hija o buena nieta. La mujer en este paradigma no tiene que ser flaca, tampoco tiene que ser muy cariñosa, ni menos hacer ejemplo de responsabilidad. La jefa del Pepino, más bien esta nos da pistas de la terrible esquizofrenia de la generación sin papá.

Sobrevive la cinematografía porque resulta alegre que el mexicano se confronte. Los productores, sin mácula, nos conducen en el desenlace hacia un revivir lúdico del evangelio y se toman las licencias para hacer su comunión con papas fritas. Destacan las emociones de un estilo intercalado con el novio metiéndose dos botellas y un papel, mientras mamá hace la maleta para fugarse con un gringo viejo.