Ya estoy jubilado, ¿ahora qué?

Todo recién jubilado repentinamente enfrenta una verdad tan grande como desconcertante: podrá ser experto en asada dominical y pavos navideños, pero el año está hecho de más de 300 días ordinarios en los que gastar las cantidades de los días festivos condenarían al ayuno durante ocho de cada 12 meses.

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Enfrentando la realidad

Cuando recibí la noticia de mi jubilación mi primera reacción fue de alegría, he sentí muy hogareño, pero ahora tenía que participar de activamente en el manejo de la economía familiar y eso va más allá de destinar cantidades. Le dije a mi esposa que yo compraría las vituallas y ella me dijo casi con lágrimas en los ojos que no solo llevara café, me insistía en que debía apegarme a la lista de mandado..

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Debí comprender que las oraciones que decía mi esposa en voz alta cuando salí hacia el mercado no rogaban por mi, sino por ella misma.

El hogar necesita calidad y cantidad

Por mi natural tendencia a surtir con abundancia no pude evadir que los últimos dos días de una semana de siete, casi nos hicieron convertirnos en veganos, pero con frutas fermentadas, no fue una experiencia memorable, aunque en el triste sentido de la palabra, fue inolvidable.

La segunda semana partí hacia el mercado mientras mi esposa oraba hincada y con los brazos en cruz; seleccionar artículos para el hogar a buen precio y en buen estado es una ciencia más complicada que lanzar cohetes a la luna auxiliándose con una calculadora de bolsillo. No tuve tampoco esa semana talento. Segundo strike y la redondez de mi vientre cosecha de años de pasividad empezó a acusar mi ineptitud para la selección de bastimentos.

Curiosamente, mi esposa empezó a recibir invitaciones de sus amigas y parientes para acudir a restaurantes, huelga decir que su mirada tenía un mensaje que decía algo así como: “si te autoinvitas te desenterrarán dentro de cinco años del jardín trasero”.

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Tercera semana y el orgullo me obligó a intentarlo una vez más. Total, ya sabía de todos los errores que se pueden cometer en carnes, frutas, verduras, detergentes y pasta dental además de un largo etcétera. Como todo experto en cometer errores, bien podría actuar de forma inversa y no cometerlos, ¿verdad?

La tercera es la vencida, esta ocasión ajustó el presupuesto, la mercadería fue de calidad, el surtido fue completo pero repentinamente mi esposa me hizo ver que con 300 gramos de filete no se podría satisfacer el consumo de siete días de dos adultos, por más espartanos que fueran, que definitivamente no lo somos. Mi esposa suele ser misericorde cuando me ve abatido y con ganas de llorar, afortunadamente.

La cuarta semana llegué triunfante, mi esposa (muy repuesta en el color de su piel, por cierto) me preguntó qué había hecho y le confesé: “He encontrado la solución perfecta, traje el artilugio más útil para el hogar además de que su empleo te facilitará hacerme la lista del mandado semanal y hará prácticamente imposible que vuelva a equivocarme”. Orgullosamente le mostré el más refinado, resistente y elegante abrelatas que sus ojos y mis ojos jamás hubieran visto..

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Mi esposa ha accedido a cederme el puesto de cargador de canastas en los viajes semanales que ambos hacemos al mercado. El abrelatas se ha empleado para algunas cosas, no tantas como imaginé, pero al menos, fue mejor que sentarme en un rincón con orejas de papel tan grandes como de borrico y ponerme a estudiar las lecciones que toda la vida ignoré.

Al fin y al cabo, es a su estómago a donde van a parar. #Sociedad Jalisco