El #Cine hace las veces de espejo, aunque casi siempre la realidad supera la ficción. Hay historias que no quisiéramos que sucedieran, pero siempre habrá personajes que se esfuercen por provocar, voluntaria o involuntariamente, que éstas se concreten.

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Es el caso de Un día sin mexicanos, película dirigida por Sergio Arau, quien con su humor característico muestra la situación vivida por los migrantes "latinos" en los Estados Unidos, y qué pasaría si este país dejara de contar con su mano de obra, además de las actitudes, prejuicios, estereotipos, dobles discursos e invisibilización que los rodean y que también aquejan a otras “minorías” alrededor del mundo..

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Una extraña neblina cubre el Estado de California –cuya economía se sustenta en la agricultura, no en Hollywood– y, de un día para otro, la comunidad hispana –un tercio de la población– desaparece sin dejar rastro. Todos están preocupados porque no hay quien trabaje el campo o lave la ropa, tal y como ocurrió el pasado 16 de febrero en varias ciudades de EUA como protesta a la política migratoria impulsada por Donald Trump.

Más de una década después, el largometraje ha servido para movilizar a la comunidad migrante en la Unión Americana y para generar discusión. “Es increíble cómo #Trump le dio vigencia a una película de 2004”, juzga el Uyuyuy, quien ha reconocido que diariamente en el sitio web del film recibe de tres mil a cuatro mil visitas de gente interesada en participar activamente en la política de los latinos en Estados Unidos..

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En su obra, Arau también cuestiona las denominaciones dadas por quienes están en condición de "superioridad" con respecto al otro; por ello se burla de la ignorancia de quien supone que “alien”, “latino”, “hispano” o “mexicano” son sinónimos. Categorías discriminatorias que no definen nada y nos remiten a una sociedad de castas en un país que desde su fundación ha tenido ciudadanos de primera, de segunda y hasta de tercera.

No obstante, la cinta aplica también de este lado de la frontera. El caso de los centroamericanos que atraviesan nuestro país para llegar a los EUA no es menos trágico; en el imaginario popular todos son “salvadoreños” o “maras”, mientras que el trato que sufren por parte de las autoridades migratorias mexicanas es poco menos que humillante.

Pero los mexicanos tampoco se salvan; si algún retén detiene un autobús en Oaxaca o Chiapas, aquellas mismas autoridades agobiarán con preguntas a paisanos que por su simple apariencia física tengan pinta de venir de más allá del río Suchiate..

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Lo mismo para las naciones originarias de #México. Se les ha cerrado el acceso a salud, educación y trabajo por vestir diferente, hablar otra lengua u oponerse al “progreso”. Ante ellas también se ha levantado un muro como el que Trump quiere poner en la frontera. Invisible, pero muro a fin de cuentas.

Desde hace siglos la palabra “indio”, además de ser producto del error de Cristóbal Colón, pasó a ser un adjetivo para denostar al otro, acentuar su “atraso”; mientras que el eufemismo “indígena” es una categoría impuesta que engloba como una entidad homogénea a identidades culturales completamente diferentes entre sí.

Jamás hablamos de esos otros migrantes, ni de los “aliens” que habitan en este territorio (indígena suena como alienígena ¿no?). Por ello, la película es vigente, no sólo por lo que actualmente ocurre en EUA –donde hay un ambiente tenso, según el propio Arau–, sino porque en ciertos personajes se asoma la actitud discriminatoria de muchos mexicanos.