Hace algunas semanas, una de las canciones más representativas del repertorio de los #Caifanes cobró nuevamente relevancia y fue resignificada. Se trata de Aquí no es así, incluida en su cuarto y último disco, El nervio del volcán de 1994. Compuesta por el ya para entonces trío conformado por el cantante Saúl Hernández, el baterista Alfonso André y el guitarrista Alejandro Marcovich, se trata de una canción inspirada en los pueblos originarios de México, como éste último lo reconoce en su libro autobiográfico.

Sin embargo, 23 años después la rola ha servido como una especie de estandarte para cerrar filas en torno a la causa mexicana frente a la política anti migratoria del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

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Entre sus cualidades, la pieza posee un riff sincopado en versos y coro inspirado –lejano a lo que muchos imaginaban, pues hay fans despistados que lo ubican como “#Música prehispánica”– en la música caribeña, una de las tantas bases de Marcovich para desarrollar todo un discurso guitarrístico que colocó en su momento a Caifanes como una banda “mexicanista”.

Un músico como Alejandro Marcovich tiene muchas cosas por contar. El simple hecho de dotar a su guitarra de un sonido propio con sabor a Latinoamérica sin sonar a Carlos Santana es ya mucho que decir. Es por ello que a raíz de su salida de Caifanes se puso a escribir y a grabar para sacar un discurso doble en el que da muestras de lo mucho que aún tiene por aportar a la música y de la experiencia de un exiliado que, de la nada, formó parte de un movimiento y una industria conocida como “Rock en tu idioma”.

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En Vida y música de Alejandro Marcovich, libro autobiográfico del guitarrista argentino más mexicano, se desbaratan muchos mitos en torno a su persona, al abordar desde su educación básica, pasando por el exilio de Argentina a causa de la dictadura militar, obviamente su etapa en Caifanes y la importancia que implicó un álbum como El nervio del volcán para la definición de su sonido, hasta el tumor cerebral que estuvo a punto de mandarlo al otro mundo.

Sin embargo, lo que más resalta ese el proceso de investigación que lo llevó a conjuntar la contundencia del rock con la riqueza de la música latinoamericana para dotar a su guitarra de una identidad propia y de paso, al rock mexicano de principios de los años 90. Al leer el testimonio del guitarrista y escuchar detenidamente su trabajo desde Caifanes hasta su carrera solista se llega a la conclusión de que su discurso musical no es mero “folclor”, pues su instrumento tiene el sabor de la música andina, la chacarera –el solo de Afuera es un homenaje a Atahualpa Yupanqui–, la salsa, el son jarocho, el huapango y la marimba o el mambo, el chachachá, la cumbia y la murga, como puede escucharse en su más reciente álbum solista, Alebrije.

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Aunque se trata de un libro grueso, su lectura es bastante ágil y amena. A lo mucho, un par de días bastan para leerlo completo. Habrá momentos en que alguna tímida risa se dibuje en los labios del lector al encontrarse con una anécdota divertida o se sienta identificado con el suceso. Ante el resultado (es un libro bien escrito, pues a Marcovich le gusta escribir bien hasta en sus redes sociales, porque lo hace él, me consta), el guitarrista rápidamente pone un alto cuando se le pregunta si se animaría a escribir algo de ficción, argumentando que desconoce cuáles son los requerimientos mínimos para comenzar una aventura de ese tipo. #Libros