Hace unos días, el 20 de abril para ser exactos, el escritor catalán #Eduardo Mendoza recibió en la Universidad de Alcalá de Henares el #Premio Cervantes 2016 de las manos del Rey de España, Felipe VI. Desde su llegada, mientras caminaba hacia la ceremonia, mostró el humor que lo ha caracterizado en sus novelas y que se prolongaría durante la ceremonia, al comentarles a los periodistas: “He traído a la familia para que me critique y a los amigos para que me hagan la ola”.

Momentos después de que el Rey le colgara la medalla al cuello y el Ministro de #Cultura, Íñigo Méndez de Vigo, hiciera una detallada presentación, el autor de La verdad sobre el caso Savolta (1975) inició su discurso diciendo: “No creo equivocarme si digo que la posición que ocupo aquí, en este mismo momento, es envidiable para todo el mundo, excepto para mí”.

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Aunque lo expresó como una broma, Mendoza tiene mucha razón. El Premio Cervantes es un premio que concede el Ministerio de Cultura de España, a propuesta de la Asociación de Academias de la Lengua Española, que está dotado con 150,000 euros y cuyo nombre lo toma de uno de los más grandes ―si no es que el más grande― escritores en lengua castellana que han existido: Miguel de Cervantes Saavedra. La importancia del Premio, además, destaca por los autores que lo han recibido, entre los que se encuentran: Alejo Carpentier (1977), Octavio Paz (1981), Ernesto Sábato (1984), Carlos Fuentes (1987), Sergio Pitol (2005), Juan Marsé (2008), José Emilio Pacheco (2009).

Mendoza desarrolló su discurso a partir de las lecturas que ha hecho de, precisamente, el Quijote de Cervantes. Siempre con un tono lleno de humor, que mezclaba con autobiografía, comentó que leyó esta obra cuatro veces: la primera por obligación, como todos o casi todos, pues era parte de un curso de Lengua y Literatura que tomaba con el hermano Anselmo (1959-1960) y aunque su generación tenía prácticamente omnipresente al héroe representado en ceniceros y pisapapeles, él terminó rendido por el sencillo y claro estilo de Cervantes, un buen ejemplo de cómo el humor toma forma en la literatura.

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La segunda vez que emprendió la lectura, Mendoza era un “bachiller, quizá un licenciado, lo que hoy se llama un joven cualificado, y lo que en todas las épocas se ha llamado un tonto”. El idealismo andante del Caballero de la Triste Figura fue lo que en aquella ocasión le atrajo de la obra.

En la tercera lectura, el autor español quedó absorto con el humor del Quijote. Y para la cuarta lectura, hecha meses antes con motivo del premio que iba a recibir, lo asaltó de pronto una sencilla pregunta que tal vez todos nos hemos hecho mientras leemos esta obra: ¿Está loco don Quijote? Y luego de reflexionar un poco, se respondió: “Es que don Quijote está realmente loco, pero sabe que lo está, y también sabe que los demás están cuerdos y, en consecuencia, le dejarán hacer cualquier disparate que le pase por la cabeza”. Pero entonces, como había venido ocurriendo a lo largo de su discurso que nunca dejó el tono irónico y el humor que lo caracterizan, remató: “Es justo lo contrario de lo que me ocurre a mí.

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Yo creo ser un modelo de sensatez y creo que los demás están como una regadera, y por este motivo vivo perplejo, atemorizado y descontento de cómo va el mundo.”

Antes de cerrar su discurso, este escritor cervantino meditó sobre la tecnología y su relación ahora con la página en blanco, pues aunque ha cambiado de soporte, todavía provoca terror en muchos escritores y se necesita de mucho esfuerzo para derrotarla, que la ficción debe dar vida a lo que de otra manera terminaría siendo noticia de hechos, no verdadera literatura. Y para sellar su discurso de forma humorística, todavía agregó que esto de dar vida a la ficción ha de tomarse con cuidado, porque él, por ejemplo, ahora es “protagonista de un relato más bonito que la realidad”, lo inverso a lo que le ocurrió a don Quijote, quien fue el protagonista de una irrealidad la mayoría de las veces nada bonita para él.

Entre otros premios que Eduardo Mendoza, autor de novelas como El misterio de la cripta embrujada (1978), La isla inaudita (1989) o Una comedia ligera (1996), ha recibido se encuentran: Premio Planeta de Novela 2010, Premio Fundación José Manuel Lara 2007 y Premio de la Crítica de Narrativa Castellana 1976.