"Vine a Comala porque me dijeron que aquí vivía mi padre, un tal Pedro Páramo." Así da inicio la que es considerada la novela, más aún la obra literaria más importante del siglo XX mexicano. Juan Nepomuceno, Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno. #Juan Rulfo. Todos alguna vez, ávidos lectores o no, hemos escuchado estas palabras y las identificamos, aunque sea vagamente, como algo grande y onírico que es, a fin de cuentas, un reflejo de lo que somos: mexicanos que buscamos algo en los límites de un sueño o de la muerte. Comala es nuestro Macondo, pero no tenemos mariposas amarillas, sino recuerdos, voces y algo seco que se ha olvidado y que es lo que quedó de la Revolución.

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Pedro Páramo es México.

Todos son hijos de Pedro Páramo

O no. En 2017 se cumplen cien años del natalicio de Juan Rulfo. Es tiempo de los homenajes. Como parte de la conmemoración, la Secretaría de #Cultura quizo, buenamente, usar la imagen de Rulfo y, en general, su legado para darlo a conocer. En el papel. La Fundación Juan Rulfo, fundada según su página oficial en 1996 por los familiares del escritor y que ostenta los derechos sobre sus obras, se negó. La justificación fue coherente: "el mejor legado para Rulfo es fomentar apoyos a la cultura". La cita es aproximada. Si bien no podemos negar que la cultura en este país está lejos de tener los apoyos que quizá merecería, es cierto que la protesta no deja de ser un tanto chocante. Coherente, pero chocante. Así las cosas.

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Un país que no se destaca precisamente por su promedio de lectura necesita un constante bombardeo de invitaciones para hacerlo (no es difícil leer, vamos). Negarse a exponer una figura del tamaño de Rulfo es monopolizarlo, esconderlo de cierta forma. Un texto deja de ser únicamente del autor (o de quienes tienen sus derechos) cuando es publicado. Lo que se dijo arriba: Pedro Páramo es México.

La protesta

La Fundación pide que no haga uso de la imagen o contenido de Juan Rulfo en la #Feria del libro y de la Rosa de la UNAM en protesta a la presentación del libro Había mucha neblina o humo o no sé qué. Exploración sobre la obra literaria de Juan Rulfo, de la escritora Cristina Rivera Garza. El contenido del libro no es irrelevante, pero para el caso que nos ocupa no es importante. Es simple: la literatura es polisémica, es decir, cualquier interpretación es válida. Claro que hay excepciones y, de hecho, se limitan al sentido común: no podemos interpretar el cuento de La Bella Durmiente, por ejemplo, como un complot de alienígenas.

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La literatura es parte de la vida y mejor: es la vida misma. Las aristas en la que se observa son distintas porque nadie puede ver el mundo de la misma forma y, parafraseando al grupo musical británico VNV Nation, para el mundo, nosotros tampoco somos iguales. La literatura es algo que no podemos definir técnicamente, tampoco podemos dar el concepto la vida en términos que satisfagan a todos. Aristas.

La Fundación Rulfo merece las palmas por el trabajo que hace con el autor, sin duda. Pero también está pecando de soberbia. Una vez más: Rulfo no es de ellos. Pedro Páramo es México. Todos somos hijos de Pedro Páramo.