#semana santa. En el mundo occidental, en su inmensa mayoría cristiano, representa los días más importantes de la fe. En siete días se condensa todo el significado, la razón misma de la #Religión cristiana, ya sea la que tiene su sede en Roma, ya las que sugieron con la Reforma de Lutero, ya las ortodoxas de los países eslavos. Se es categórico: "Si Cristo no hubiese resucitado, entonces su mensaje no habría sido completo/no tendría sentido". La muerte de Jesús es la redención de los pecados, la promesa de la Salvación.

Semana Santa. En el mundo occidental también significa vacaciones. No importando el culto, los días de asueto en un estado laico son una realidad y se aceptan con el mismo fervor, con la misma gratitud que posiblemente exigiría una fe férrea.

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Nadie se niega a las vacaciones, por muy herético que se pretenda ser. Y si bien esta parte no-creyente de la población podrá no ir a las procesiones de Viernes Santo o a la Misa de Gloria, está irremediablemente inmersa en la conmemoración de este misterio.

Veamos.

La Semana Santa en la cocina

El Código de Derecho Canónico establece la abstinencia de carnes rojas los días viernes de todo el año. Está claro que nadie hace caso de esto de todas formas, pero al ser la Cuaresma una época especial dentro de la fe cristiana, en general se procura seguir con más rigor la encomendia. Dicha prohibición es una oportunidad para la creación de nuevos platillos que en su mayoría consisten en guisos de pescado. El pez representa, según los diccionarios de símbolos, la abundancia. Con el nombre en griego de «pez», ichtys, se crearía en los principios del cristianismo el acrónimo "Iesous Christos Theou (H)Yios Soter" (Jesucristo hijo de Dios nuestro Salvador).

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Además, están las referencias bíblicas a la multiplicación de panes y peces. Consumir pescado es, entonces, un simbolismo, una alusión a Cristo y quizá, una alusión a la Comunión.

La preparación de los alimentos siempre pretende ir más allá del simple hecho de, valga la redundancia, alimentarnos. Siempre se quiere satisfacer los sentidos, el paladar, el olfato, incluso la vista, a veces a costa de los valores nutricionales. No importa, el ser humano goza, se permite. La abstinencia no es impedimento para crear, al contrario, la incentiva.

En el centro de México se consume el bacalao, los romeritos, las habas amarillas, la capirotada y los tamales nazarenos que son dulces y se preparan con piloncillo.

La Semana Santa y la cultura

También la Semana Santa resulta un buen pretexto para recordar el arte sacro y la influencia innegable que ha tenido con prácticamente todo movimiento artístico. Aunque sea para renegar de él, al arte se ha alimentado de lo divino desde que se concibe como tal.

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Cristos Negros, visitas a iglesias, obras musicales nos recuerdan que el hombre ha intentado entender la divinidad a través de lo más divino que se puede concebir: al arte.

Curiosamente, el auge del arte sacro se dio en la época en la que se iniciaba a perder la fe en la fe. El Renacimiento, que dio paso al pensamiento moderno, el que deja de lado a Dios para colocar al Hombre en el centro del universo, nos ha regalado las obras más bellas no sólo de lo sagrado, sino del arte en general. Roma entera, por ejemplo, puede considerarse como la expresión de este hecho: la Plaza de San Pedro, la Capilla Sixtina.

Un poco más adelante, el Barroco nos regala catedrales asombrosas, llenas de símbolos que resaltan todo el espíritu de la Contrarreforma. Los retablos en las catedrales mexicanas son ejemplo de eso. Una buena parte de la literatura novohispana, por ejemplo, se centra en la religión: Sor Juana y sus autos sacramentales, sus villancicos.

Sólo por no dejar, también está el genio de Johann Sebastian Bach con La Pasión según San Mateo.

Obras y sensaciones que, independientemente de la afiliación religiosa, llegan al lugar que nos hace humanos. Sobre esto, ahondaré en otra ocasión. #Cultura