Una vez alguien muy despreocupadamente mencionó en algún lugar algo sobre "la morra esa del de a 200", refiriéndose al billete mexicano. Me chocó porque, he de confesar que, de toda la pléyade de escritores y poetas de la #literatura mundial, #sor juana inés de la cruz entra, sin problemas, en mi Top 3.

Es difícil no rendirse ante el ingenio de esta mujer que maravilló a propios y extraños, primero en Palacio y luego en el Convento de San Jerónimo de la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de México, capital del Virreinato de la Nueva España.

El problema: Sor Juana se ha reducido, en el inventario popular, al billete favorito de las mordidas (la sorjuanita) y, si tenemos suerte, a unas redondillas que salen cada 8 de marzo o cada vez que se toca el tema de la monja en la primaria, "Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón...".

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Con un poco de suerte, se sabe que aprendió a leer a corta edad y que fue autodidacta. Nada más. Pero Sor Juana es más. Mucho más.

Gozos que son del alma, también un ciego los ve

Gozar a Sor Juana podría parecer, de entrada, complicado: poesía barroca. Pero no podemos culpar a la poesía ni a Sor Juana de lo que, en verdad, no estamos acostumbrados a apreciar. El fin de la poesía es discutible, pero lo cierto es que quiere expresar aquello que difícilmente se podría expresar de otra forma. Género por excelencia del amor: ¿qué otra forma puede describir, aunque sea vagamente, aquel sentimiento que escapa de una definición satisfactoria?, ¿qué otra forma que condense la belleza en sí misma?

El encabezado que hace de subtítulo aquí es un verso de una glosa compuesta por Sor Juana a la virreina María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga, su benefactora en Palacio y luego en el Convento y, se dice, de quien la monja estuvo enamorada platónicamente.

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No se descarta, pero tampoco parece concluyente. El argumento es difícil de refutar cuando se lee la glosa completa o cuando se atienden otros versos dedicados a Lysi, como la poetisa llamó a la virreina. Los versos se encuentran fácilmente en internet. Dejamos aquí el cuarteto base de la mencionada glosa que, posiblemente, deja de manifiesto ese dejo de amor imposible que los críticos ven en ella.

Aunque cegué de mirarte,

¿qué importa cegar o ver

si gozos que son del alma

también un ciego los ve?

Monja y feminista

El llamado feminismo de Sor Juana se entiende desde las redondillas ya dichas y, sobre todo, en la famosa Respuesta a Sor Filotea, donde defiende su derecho a estudiar y a escribir. Cabe preguntarse qué se entiende por feminismo y si es correcto de hablar de un feminismo del siglo XVII. Dentro de los términos modernos, Sor Juana, muy probablemente, no sea feminista. Es una innegable inspiración para las mujeres, sobre todo las mexicanas, es cierto. Sobre todo si recordamos que, de hecho, si se metió de religiosa fue sólo para poder estudiar en paz.

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No hay una vocación real, aunque eso no significa que no se haya sentido comprometida y que haya renegado de la religión. Eso nunca.

Hay que poner las cosas en su lugar: el siglo del feminismo, el XX, es muy diferente al XVII. Otras necesidades. Sin embargo, las convenciones que aún se esperan en ciertos lugares de las mujeres ya estaban ahí. Sor Juana no es la primera en revelarse, no al menos en el ámbito literario, pero acaso sí quien lo hizo con particular fuerza. Ya el mismo Miguel de Cervantes pone en boca de un personaje del Quijote (Marcela, la pastora) ciertas cuestiones de los derechos femeninos. Lope de Vega escribe La dama boba donde, si bien al final la mujer más independiente cae en "lo convencional" al enamorarse, deja de igual forma un mensaje a un mundo controlado exclusivamente por hombres. Tirso de Molina critica al donjuán en El burlador de Sevilla. Calderón tiene un personaje femenino y fuerte en La vida es sueño.

Pero Sor Juana habló desde la realidad, no desde la ficción.

"¿Soy por ventura hereje? Y si lo fuera, ¿había de ser santa a pura fuerza?" Escribe Sor Juana en la Carta de Monterrey. Dirigida a su confesor. Superen eso.

Legado

Difícil hablar de un legado en tan poco espacio. ¿Cuál es su legado? Depende. Desde la poesía es una luminaria más del Siglo de Oro Español. Figura comparable a Calderón, a Tirso, a Quevedo, a Cervantes. Desde el feminismo es inspiración, recordatorio. De cómo una niña, hija ilegítima de Pedro Manuel de Asbaje y de Isabel Ramírez de Santillana, que aprendió náhuatl en la hacienda de su abuelo en San Miguel Nepantla y latín por cuenta propia, que se quería disfrazar de hombre para entrar a la Universidad y que se atrevió a criticar las conclusiones de un respetable sacerdote portugués en su Carta Atenagórica, trasciende, a más de 320 años de su muerte, como algo más que un billete. Algo más que un cuarteto. Algo que inspira. #Cultura