Un extendido momento de risa solitaria se mantiene constante en las parodias sobre pasajes literarios clásicos en la novela Viaje alrededor de mi padre del escritor mexicano Fabrizio Mejía Madrid. La obra está integrada por un tipo de narrador cuyo propósito es, a su manera y siempre dejando expresar su sentir, narrar sucesos del pasado desde una perspectiva del futuro sin dejar de estar en espacio y tiempo de ese pasado llamado así por los lectores, quienes saben de antemano, cuando se percatan de la fuente parodiada, que esa historia ha sucedido, en todos los sentidos, en un pasado. Ocasionalmente es el narrador mismo quien reconoce la completa existencia de referencias provenientes de la cultura del futuro, para nosotros lectores de un tiempo contemporáneo, es decir el tiempo futuro en sentido lógico, para los personajes e historias, hasta del narrador mismo, que con esta forma de expresarse, se convierte a nuestros ojos en un todo poderoso omnisciente, dotando al texto de hilaridad, es decir, otorgándole el estatuto de humorístico.

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El trasfondo temático surge de la idea en torno a la “paternidad literaria”, de ahí el título del libro. Con claro uso intertextual, la cuestión de si es pertinente escribir una obra después de la existencia de “los grandes” está impulsando cuatro diferentes historias donde se parodian otras historias reconocidas mundialmente. La primera parte del libro es básicamente sobre Dios quien se cuestiona su propia existencia, dando por hecho a otro escuchándolo; lanza reflexiones y cuestiones a ese otro, el lector encargado de conocer las diferentes etapas bíblicas, es decir, referencias textuales, con las que se va siguiendo un camino de inesperados momentos que aclaran el papel de Jehová en las vidas de esos importantes personajes de la cultura religiosa.

Cuando el narrador se expone como tal, suceden reflexiones que superan el tiempo y espacio de la historia que se estaba en apariencia desarrollando:

Lo que quiero decir es que los pobres hebreos vagaron durante cuarenta años en el desierto y, en ese tiempo, no pude ayudarlos.

-¿Dónde estás?- me gritaba Moisés, exasperado por tener que hablar- ¿Por qué nos hiciste salir de Egipto? ¿Para que muriéramos de sed? ¿Para que conociéramos a fondo el desierto?

Y entonces el profeta veía cualquier cosa: una nube, un torbellino en la arena, y se tranquilizaba.

-¿Así que ahí estas?- decía Moisés hablando con el polvo. La idea me rompía el corazón (Mejía 2004).

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Lo absurdo de muchas situaciones durante el relato son por tales, el impulso para el humor, como en el ejemplo anteriormente citado, en el que se sabe de Moisés que efectivamente durante su vida buscó señales para saber guiarse, las cuales no eran mandadas por Dios quien se encontraba reflexionando en asuntos de calibre existencial según la narración.

De igual forma habrá guiños en forma de reflexiones para el lector en los siguientes tres capítulos. En la parte dos y tres donde se parodian, según palabras del propio autor, las obras de Shakespeare, de Becket y de Kafka. Se exponen escenarios propicios para poner en evidencia los detalles tabú de la vida común, así “los que adivinan, los escritores, así como los que gobiernan, cuenta historias para que cuando alguien las oiga, crea que están dirigidas sólo a él. Pero el narrador se esconde en esa trampa y, en realidad, está confesando cosas personales a un montón de anónimos que se sienten los destinatarios únicos…” (Mejía 2004).

También existen los cambios de narradores y del él al yo, la tercera parte de la novela nos obliga a estar pendientes de quien de los personajes se encuentra hablando en ese momento, sin olvidar que la idea principal apunta al naufragio de un cronista de indias y el transcurrir de sus días en tierras extrañas, dando paso a la última parte donde se acentúa el sinsentido y la brusquedad en forma de un extraño epílogo a su vez discurso teatral, por tanto una historia diferente a las anteriores al ser la única en no tratar sobre algo ya creado.

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Desarrollada en New York, la escena tiene lugar en la casa de una pareja cuestionándose sobre la paternidad, sufriendo de impulsos grotescos y transitando entre el personaje y su salida de la escena. Además el narrador de este final pareciera trastornado mentalmente por el peso de ser reconocido como padre y por la locura a la que se llega si se descubre al ser como algo creado, con lo cual se reitera uno de los ejes temáticos de la novela.

La insistencia en autoreflexionar la metáfora de la vida como el universo, el universo como la vida y la vida como una obra literaria impresa, misma hecha por un dios atrapado en la narración, y que líneas después continúa hablando como personaje valdrá la pena ser analizada para descubrir algo que apunta a revelar creencias y preferencias del autor muy compatibles a los razonamientos volátiles de la actualidad. #PARODIA #literatura mexicana #culturaenméxico