Las circunstancias actuales que rodean la vida de un autor implican la relación con la sobreproducción de información. Si bien las aproximaciones al estudio de su obra se ven beneficiadas, el caos surge inherentemente, en muchos casos sobrepasando los límites de lo comprensible, es decir, los datos parecen estar desconectados del todo, hace falta darle forma y unión a partir del hecho mismo que confiere cualidad tangible al caos. Ahora más que nunca están sucediendo demasiadas cosas a la vez: la conformación del individuo como agente independiente del estado, característica popular desde hace no mucho tiempo, descubrimientos dentro y fuera del planeta tierra, formas de vida adquisitiva desiguales, enfermedades, procesos mentales en extremo diversos y, por qué no, infinidad de formas artísticas.

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En este contexto artístico actual presentamos al escritor Fabrizio Mejía Madrid, quien dentro de la contemporaneidad presenta a la literatura mexicana como una realidad con particularidades a largo plazo. Su primera incursión en la narrativa escrita fue como periodista, de ahí que sus novelas tengan algo de crónica y sus crónicas algo de novela. Así la mezcla de géneros resalta en el uso literario del autor, por una parte de narración ficcional, y por otra de crónica adaptada. Él mismo ha comentado sobre su trabajo que “la novela es un descanso de la crónica, y la crónica un descanso de la novela”, motivo por el cual muchas de sus obras se basan en la investigación periodística para poder escribir crónicas que van más allá del simple formato periodístico, y novelas que van más allá de la ficción, volviéndose estas últimas un relato ficcionalizado de la realidad.

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Sus novelas tienen algo de crónica y sus crónicas algo de novela

Establecer la forma precisa del arte literario de Fabrizio Mejía Madrid, implica conjuntar sus obras y verlas, dentro de la cosmovisión cultural de México, aún más precisamente, relacionarlas a la nueva forma de vida del hombre citadino, criado y desarrollado bajo la premisa de la soledad, el fracaso, la competencia y demás situaciones, relativizando el concepto de sociedad civil, ante la indiferencia para con los demás dentro de un espacio y tiempo determinado.

Fabrizio Mejía nació el trece de febrero de 1968 en la Ciudad de México. Es entonces esta ciudad, el detonante desarrollador del compromiso que el escritor tiene con diversos aspectos humanos. Fabrizio cursó en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) la licenciatura en Estudios Latinoamericanos perteneciente a la Facultad de Filosofía y Letras. Pero por necesidad económica familiar entra a trabajar, ya enfocado en la expresión verbal, al semanario Punto que en ese entonces dirigía Miguel Ángel Granados Chapa, quien tiempo después adquirió el puesto de subdirector en la “Jornada”.

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Este personaje le dijo a Fabrizio que su perfil no era periodístico y lo mandó con Roger Bartra a la revista semanal de la Jornada, donde escribía crónicas de temas variados.

La importancia de la crónica en la vida intelectual, así como para el desarrollo y producción de sus intereses, se entiende ahora, según palabras del propio autor, transformada en el seguimiento de una tradición: los cronistas de la ciudad de México. Bajo ese eje inspirador y focalizado, se tiene la obligación de puntualizar las circunstancias de la época contemporánea al cronista, exponiendo una visión de la correspondiente generación para a partir de esas observaciones comenzar a evidenciar el pasado. En el caso del cronista Mejía Madrid debemos como su referente la época de los ochenta en México, incluyendo los sucesos en el terremoto del año 1985.

En lo que respecta a libros de crónica publicados bajo esa instancia tenemos: Pequeños actos de desobediencia civil (1996), Salida de emergencia (2007), Días contados (2013) y Arde la calle. La novela de los ochenta (2014). Algunas de sus crónicas pertenecen a libros y antologías colectivas como: Septiembre. Zona de sastre (2013), Entre las sábanas (1995), Otras voces y otros ecos del 68. 45 años después (2013), The Mexico city reader (2004), A ustedes les consta: Antología de la crónica en México (2006), Antología de crónica latinoamericana actual (2012) y Mejor que ficción. Crónicas ejemplares (2012).

En plano novelado, sin olvidarnos de las particularidades sobre la crónica ficcionalizada tenemos: Erótica nacional (1994), Viaje alrededor de mi padre (2004), Hombre al agua (2004), El rencor (2006), Tequila D.F (2008), Disparos en la oscuridad (2011), Vida digital (2012) y Nación TV. La novela de Televisa (2013). Algunos de sus cuentos, siempre caracterizados por el sinsentido y el humor, se encuentras en las antologías: Para leer de boleto en el metro. Volumen 9 (2007), Otro ladrillo en la pared (2006) y Los mejores cuentos del 2005 (2005). Finalmente las revistas y periódicos impresos y electrónicos en los que ha colaborado son: Letras libres, Proceso, La Jornada, Gato Pardo, Chilango, Reforma, Etcétera, El Economista y para algunas publicaciones periódicas de la UNAM.

Por lo anterior debemos replantearnos el concepto de ficción, abriendo posibilidades a la experiencia lectora, recordando siempre la premisa de no ser los géneros excluyentes cuando de contar historias se trata. Lo ridículo de las tragedias en la vida diaria de cualquier persona, vale la pena ser escrito en forma de cuento, novela, ensayo... #literaturamexicana #crónicaficcionalizada #culturaméxico