La Real Academia Española define la palabra “monstruo” primeramente como un ”ser que presenta anomalías o desviaciones notables respecto a su especie; ser fantástico que causa espanto”, es decir, nos enfrenta a una creación del hombre para explicar aquello que le aterra o que escapa a su entendimiento cuyas características no pertenecen a su concepción del mundo natural y el término se designa también para explicar la existencia de criaturas legendarias que aparecen en la #Mitología, las leyendas y la ficción.

Dioses, héroes, monstruos y superstición

En la mitología griega, por ejemplo, existe una gran diversidad de #Monstruos cuyo origen divino traía consigo el don de la inmortalidad, aunque no siempre fue así, ya que existieron diferentes #héroes que les dieron muerte como fue el caso de Medusa que murió petrificada a causa de su propio reflejo gracias al ingenio de Perseo.

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La monstruosidad consiste en exagerar las extremidades del cuerpo o en su disminución, el monstruo puede ser gigante o enano o bien, se trata de un ser híbrido cuyo cuerpo se compone de partes de diferentes animales o era parte humano y animal como por ejemplo el basilisco, las sirenas, la esfinge o las arpías.

Al respecto, la RAE da 4 definiciones sobre lo que es un monstruo: “Cosa excesivamente grande o extraordinaria en cualquier línea; Persona o cosa muy fea; Persona muy cruel y perversa; Persona que en cualquier actividad excede mucho las cualidades y aptitudes comunes”.

Si nos fijamos, hace referencia a la entidad de la persona en sí misma, es decir, a la conducta, actos y corporeidad del ser humano, por lo que podemos deducir, que además de ser el monstruo un constructo humano de igual forma se encuentra implícita la concepción del origen divino que el hombre tiene de sí mismo partiendo de sus instintos primitivos o su esencia animal y la mismo tiempo participando de su lado humano, es decir, el origen del monstruo es de origen divino.

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Con paso del tiempo la concepción del monstruo ha sido deformada gracias a las supersticiones y se encuentra actualmente disociada por completo de la #mitología; ahora le llamamos monstruo a cualquier entidad con características horrendas que se encuentren fuera del entendimiento y el origen divino de la monstruosidad como criatura prodigiosa ha sido olvidada casi por completo.

Según la Real Academia Española la palabra “monstruo” proviene del latín “monstrum” que de acuerdo a la publicación hecha en 2014 por el Blog de lengua dicha palabra “pasó al francés como “monstre” y se deriva del verbo “monere” que significa “advertir”, por consiguiente, el monstruo es también una advertencia enviada por los dioses, una criatura prodigiosa que ha venido del mundo de las fuerzas sobrenaturales sirviendo de enlace entre el mundo espiritual y el terrenal.

Lo mismo sucede con los monumentos cuya misión es la de fomentar el recuerdo a través de formas simbólicas humanas o animales, (cuyas proporciones exceden las naturales), la existencia de un algo.

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Durante el el Siglo XVI las personas creían tanto en los #monstruos como en la existencia del #demonio, la diferencia radicaba en que los primeros se hacían notar a simple vista y eran la causa de los comportamientos inmorales de los hombres y se trataban de castigos divinos por sus fallas y debilidades, en cambio los demonios eran entidades espirituales malignas contra los que se debía luchar y enfrentar para la salvación del alma y muchas veces, su presencia era confundida con enfermedades mentales.

Lo anterior sustenta la afirmación de que los monstruos han sido también mecanismos reguladores de angustia pues el pensamiento mágico fue la primera forma de reflexión y nace como respuesta la angustia del hombre como solución a todas sus dudas y como explicación a todas las incógnitas por lo tanto, su angustia disminuye ya que son los dioses los responsables de todo hecho o fenómeno.

Se puede concluir con que los #monstruos son criaturas prodigiosas de origen divino que han sido enviados por los dioses con la misión de advertir y aleccionar al hombre sobre su propia existencia pero como la divinidad no se manifiesta de forma explícita, el hombre debe someterla a interpretación (como sucede con los sueños) y que el hombre seguirá siempre en busca de lo sensacional e insólito en todo aquello que lo maraville, sorprenda y lo haga sentirse vivo.

Así como hoy el hombre se vale de la ciencia para crear robots a su imagen y semejanza con características que le permitan rebasar sus límites de ser humano, quizá la existencia de los monstruos se trate de una creación para enfrentar los propios demonios y salir victoriosos de esa lucha interna con la que pretende salvar su esencia y su destino rebasando con ellos sus limitaciones y debilidades, es decir, habrá de superarse a sí mismo.

Finalmente, reflexionemos: el hombre moderno, como su congénere primitivo sigue todavía en espera de respuestas, lo cual no significa que el conocimiento y sabiduría obtenidos hasta nuestros días no sea suficiente, acertado o erróneo, simplemente significa que como especie en constante evolución nunca dejará de buscar. #Héroes