Por Mitzi Vera

Twitter: @mitziperiodista

Hace tiempo acudí a un taller para actualizarme en el mundo reporteril, la mayoría de los alumnos que asistieron eran jefes editores de diarios de la Ciudad de México y otros estados de la República, especialistas en temas de narcotráfico y política. Entonces empezó la charla, les platiqué que me dedico al periodismo musical, desde ahí en muchas de sus charlas daban a entender que mi trabajo no corría riesgo; sin embargo, no por eso vale menos que las otras fuentes. Aquí mis razones a manera de reflexión.

Cuando era una ilusa estudiante de periodismo, de esas que entran al primer cuatrimestre y ya quieren cambiar el mundo sin saber hacer ni una nota, entré a cubrir la fuente en el Senado de República en la Cámara de Diputados.

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Lo primero que vi fue a Manlio Fabio Beltrones babeando y morboseando con la mirada a las asistentes; fueron meses de aprendizaje. Mi lección: ahí estaba todo lo que no quería.

Y es que, seamos honestos: la música está en todas partes. Cumple una labor social, el ver a los artistas de Oaxaca dar todo en el escenario y perder dinero solo por tocar no lo cambio por nada.

"Para ellos no importa si pierden los 70 pesos que ganan al día por sembrar maíz, calabaza, frijol o jitomate: es su única fuente de trabajo, otros hacen pan o destilan mezcal. En la noche rendirán culto a la banda que nació hace más de 30 años". Fragmento de mi reportaje para Music:Life.

Con base en el sitio promociónmusical.com, "además de las tareas convencionales que desempeña un periodista, el profesional especializado en música debe escuchar discos -para hacer críticas- y asistir a #Conciertos – para realizar crónicas sobre el directo"; sin embargo, para mí va más allá.

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Periodismo musical es tocar el alma de los lectores, es transmitir quién es el músico y su esencia: no solo ir a conciertos, decía Víctor Ronquillo, periodista, que nuestra verdadera labor es interpretar lo que vemos en el escenario, no solo estar presentes en el evento.

O recordemos la cita de Beethoven: "La música constituye una revelación más alta que ninguna filosofía", el arte de las musas tiene el poder de cambiar vidas, de transmitir lo que a veces las palabras no logran; ¿peligro? El periodismo no es una competencia, para mí, de quién se arriesga más por obtener la nota.

Por supuesto los periodistas musicales corren peligro, ¿o que no han visto en la tele los empujones que dan los guaruras a los pobres reporteros quienes como todos, solo van a trabajar?

México es uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo, según Artículo 19, ahí la razón para hacer nuestra labor: no solo los reporteros corren peligro, diario vemos en las primeras planas cómo la violencia se apodera de este herido país.

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Los diarios están hechos con plumas de sangre, es magnífico poder dar noticias buenas ante tanto pesimismo: "Se titula la primera mujer licenciada en saxofón de la UNAM".

Transmitir con esa nota esperanza, alegría; no digo que los otros temas no sean importantes; sin embargo, unas palabras para que el lector se olvide de lo malo no están demás; en gustos se rompen géneros. Al final, el lector tendrá la última palabra, si compra el diario para leer sobre su banda favorita o por el descabezado en el puente de la noche anterior.

Dejemos que ellos jerarquicen la información. Mientras dejemos de competir, porque citando de nuevo al buen Víctor Ronquillo: "Ninguna nota vale más que una vida".

Continuará...

"La música es sinónimo de libertad, de tocar lo que quieras y como quieras, siempre que sea bueno y tenga pasión, que la música sea el alimento del amor". Kurt Cobain