Los discursos, los refranes y los dichos son elementos lingüístico-sociales que caracterizan los diversos métodos de expresión utilizados en nuestro entorno para comunicarnos. Este tipo de enunciaciones es rica y vasta por los diferentes matices que construyen dichas maneras de hablar. Sin embargo, desde épocas medievales, apareció el término albur como un tipo de lenguaje muy peculiar.

No sólo se trata del desdoblamiento de significados (a lo que llamamos doble sentido), del ingenio y de la destreza mental en cada uno de los contrincantes, o de las connotaciones sexuales a las que remite la frase expuesta; sino que es un factor que permite la vinculación entre poder, política y liderazgo de hombres y mujeres.

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Donde pongo el ojo, pongo la vara

El alburero es un líder carismático, potencial y transformador que domina al lenguaje cuando se apropia de éste. Es un crítico nato que identifica las incongruencias de los sistemas de gobierno vigentes o, incluso, de otro tipo de organizaciones y contextos. Sin duda, tiene la pericia de crear significados innovadores para una misma palabra, por lo que desarrolla el poder y el dominio al controlar las acciones de su oponente, cuando analiza sus respuestas y se anticipa a lo que el rival dirá. Es importante entender que no se insulta a la persona o personas involucradas, sino a la situación que se juzga.

¡Una auténtica penetración, señores!... es la que se da con respuestas directas. La mayoría de las ocasiones, el #Albur ha sido mal empleado para ofender, ejemplo concreto fue la ausente sutileza del candidato panista Guillermo Anaya Llamas, quien, con la intención de evidenciar las carencias priistas, las sustituyó por el uso del falo incidiendo directamente hacia el público femenino.

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No obstante, el verdadero objetivo es generar opiniones críticas a partir de códigos que no cualquier persona sería apta para entenderlos, pues a pesar del uso del folclor urbano y popular, se necesita mucha imaginación para burlarse de temas serios o prohibidos que generen la sensación de una plática natural, común y corriente.

Detrás de la seducción y del contagio de su humor, está la empatía, el autodominio y una filosofía muy propia: "darle aquí y allá". ¡No me mal entienda! Hago referencia a la flexibilidad y a la adaptación del momento para improvisar en el instante de su lucha. Por lo que, el albur, el poder y la política se entrelazan cuando el compromiso lo llevan a la acción. No son campeones rolleros, sino constructores de un lenguaje cuya base es la observación crítica y ética de lo que pasó, de lo que pasa y de lo que pasará dentro de nuestra sociedad.

Son los flaneur mexicanos, porque pasean por las calles, detectando el aquí y el ahora para ingeniar y heredar aquel código lingüístico del que tanto hemos hablado.

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No por nada, algunos poetas los alaban, porque así como la lírica aborda metáforas y otras figuras retóricas, el albur idea las suyas. Definitivamente, el lenguaje es el medio más activo para identificarse como cultura y nación ante los distintos cargos que el ser humano pueda adjudicarse, ya sea el de líder, el de político o el de alburero.

En relación a lo anterior, Alfonso Reyes en su ensayo "Nuestra lengua" (compilado en el libro Visión de Anáhuac y otros ensayos), opinaba que "el habla... no se ha ajustado absoluta y totalmente a un sistema mental inflexible... La gramática da las reglas de los usos que se consideran preferibles, pero ni puede abolir los demás usos, ni es siempre indispensable que lo haga.., ni ella misma logra defenderse del empleo inveterado de formas ajenas a toda lógica".

No hay que perder de vista que la base del albur es la vinculación sexual ¿qué pasaría se cambiara?, ¿sería lo mismo?, razón por la que no sería válido censurar su uso, pero sí encontrar el contexto adecuado para hacerlo. Así es como trascendería a un estudio profundo del manejo lúdico, creativo y social del lenguaje, al análisis de su contenido y estructura como una manera de manifestación crítica. #sociolingüística #liderazgoypoder