Abordamos el avión, un avión de primera clase o al menos eso me parecía a mí, pues era la primera vez que viajaba sobre ese transporte que en mi niñez decía: “es una gaviota”, estaba contenta y nerviosa a la vez. Y les confieso que sentí un gran vértigo al despegar; comenzó el viaje tan esperado por mí más que por ver a Raúl, quién habría de ser mi esposo por disposición de nuestros padres, empecé a pensar en cómo sería mi vida futura con él.

Cuando salió la aeromoza quien nos comunicó que volábamos sobre Chihuahua y que, por favor, nos pusiéramos los cinturones de seguridad, todos notamos su cara de preocupación y algunas señoras empezaron a cuchichear, de repente sentimos un jalón como cuando te subes a la montaña rusa en el último asiento, la aeromoza entró rápidamente con el piloto, después de unos minutos empezó a comunicar por el micrófono que había un problema con el motor y que tendríamos que aterrizar antes de lo previsto.

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No pasó ni un segundo cuando desaparecieron las nubes y se aclaraba más el panorama, observé y faltaban menos de 400 mts. Para estrellarnos, cerré los ojos y me agaché poniéndome durita del cuerpo, todo pasó tan rápido que ni cuenta me di, sólo recuerdo que oí un largo zumbido y nada más. Más tarde desperté tendida en el suelo y con dos mujeres a los lados golpeándome con hierbas curativas, medio les entendí que me decían que había tenido un accidente, me percaté que eran campesinos y que debía respetar sus costumbres para que me ayudaran a regresar a mi casa.

Entablé una buena comunicación con aquellas mujeres y otros más del pueblo, me ofrecieron comida, cama y agua para asearme, estuve ahí durante casi dos semanas sin saber de nadie, ni siquiera de mis compañeros de vuelo, me sentía triste por todo lo que había pasado, pero feliz puesto que se respiraba un ambiente fresco y sano.

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Luego de las dos semanas estábamos en el bosque recolectando leña para la fogata, cuando oímos un helicóptero que se acercaba, regresamos al pueblo y vimos que bajaban del helicóptero dos oficiales y dos doctores, se acercaron a un niño y le preguntaron algo, entonces el niño me señaló con una sonrisa y aquellos cuatro se acercaron a mí pidiéndome que declarara lo sucedido, pasaron un par de horas y después tuve que despedirme de mis amigos, abordé el helicóptero y me alejé olvidándome del amargo accidente, pero recordando aquella experiencia en mi vida.

No sólo es ficción, es realidad. Al caer por una de las cinco situaciones lastimosas en la vida, podemos encontrarnos con quien realmente somos y no habíamos querido descubrir, ¿Ignorancia, miedo, indiferencia? ¿Cuál es la tuya? ¿Aún no es tiempo de decubrila? #yoaqui