"Ahora es cuando el chile verde le ha de dar sabor al caldo" y así comienza el primer juego popular de palabras que relaciona la literatura con la gastronomía. Escritores vastos, periodistas tantos y otros aficionados a la escritura han hablado una y otra vez de la relación entre ambas materias; sin embargo, las ideas se vuelven inagotables para quienes encontramos que una pared blanca en esa reluciente cocina es la misma página extendida en un escritorio, o que las cenefas tan decoradas y detalladas especialmente con dibujos de verduras y frutas se han tallado con el mismo mecanismo de la máquina de escribir cuando va trazo por trazo. Justo en medio de tantos ingredientes y significados nos enfrentamos a esa especie de contradicción entre la esbeltez contra la gula, la mesura contra la inmoderación o qué tal, la brevedad contra la extensión.

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"En la mesa nadie se aburre durante la primera hora"

Hay bocas por doquier que se hacen fanáticos y gustosos de la cafeína, del buen vino, de los ardientes tequilas, de los ásperos mezcales o de los espesos chocolates tradicionales, pero la palabra no puede decirse ni escribirse sin un cubierto o tortilla a un lado, una servilleta o reboso sobre las piernas y una vajilla o piedra frente al individuo que sacia sus paladares: la boca y las manos. En otras palabras, ningún ser humano puede concebir una narración o algún poema sin pensar en alimentos o componentes que hayan servido para la creación de esas polémicas figuras a las que llamamos retóricas.

La carne, un trozo de res o el pedazo de la nalga izquierda de Ansaldo (personaje de Piñera) es motivo de cortes literarios donde el cuerpo, por ejemplo, adquiere un sentido más allá que el habitual.

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Ya no sólo pertenece a los objetos físicos, sino que es valorado o devaluado a partir de su papel como banquete o persona. La apariencia corpórea puede ser construcción y fragmentación de la #identidad, así como puede fungir como un centro gastronómico donde los filetes serían la especialidad de la casa, pues sabrán que esa suculenta pieza gourmet tiene como raíz indoeuropea el término kreue- que en griego sería kreas y en alemán kern, cuyo significado es: núcleo o entrañas. Es por eso que hablar de comida implica la dislocación entre la posición que ocupan los sujetos en el orden social con la manera en que se perciben a sí mismos y a su vez, con la forma en la que comen.

Hay que considerar que cuando la literatura se vincula con el arte gastronómico es imprescindible descubrir e ingeniar otro lenguaje, otros puntos de vista y por supuesto, otros sentidos. Particularmente, propondría un concepto como "la ironía culinaria". Con este tropo, el lenguaje se bifurca en dos direcciones: por un lado, el dominio y por el otro, la liberación.

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De la misma manera en que enfatiza y ostenta la ausencia de algo, también impone y exige lo que no se ha pronunciado, pues hay que recordar que lo que se calla y lo que no se escribe siempre será lo más importante, razón por la que existe este tipo de juegos lingüísticos. Comprenderla implica inferir creencias e intenciones, y la cocina es una puerta para conocer el mundo desde otros ángulos dulcorados, amargos, salados y picosos. Esa mezcla en un lenguaje conjunto se evidencia en la otredad, en esa alteridad donde el pensamiento de diversos países encuentran una parte de su identidad.

"Caminante: come, bebe y nada más te importe"

¿Se han percatado que cada "etcétera" podría equivaler a la cantidad de condimentos superpuestos dentro de un ensayo literario, discurso político o guión teatral? Tal vez, algunas plumas optarán por los instrumentos de cocina cuando critican a la sociedad o simplemente cuando describen el cuerpo de una mujer, evocan las siluetas de los difuntos, dan una cátedra de las armas y los estruendos del cielo y de la tierra, entre otras cuestiones que nos dan material para una agradable lectura.

No obstante, antes que el tintero se ponga el delantal, es preciso la consultoría de los recetarios que concilian el pasado con el presente y generan el instinto del futuro escritor. Justo en este punto cobra sentido aquel dicho: "detrás de un gran hombre hay una gran mujer". Para que Fernando del Paso pudiera escribir sus ensayos acerca de cocina, doña Socorro del Paso, su esposa, tuvo que compartir los instructivos y las lecciones para preparar guisos de huevo, pescados y mariscos, salsas en molcajete y demás suculentos manjares que se convertirían en ilustraciones, anécdotas y analogías para narrar la historia gastronómica del México Antiguo y comprender su evolución hasta la actualidad.

Es momento de concluir con una curiosidad etimológica: ingrediente se compone del término ingrediens, participio del verbo latino ingredior que hace referencia a "entrar", por lo que aquel instinto al que se hacía referencia en líneas anteriores significa decir más, probar más, escribir más y reconocer más allá de lo que decía don Quijote: "Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos [...] y los días entre semana se honraba con su vellorí de lo más fino". (Primera parte del Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, p.p. 81) #Gastronomía #literaratura