Hola, mi nombre es Radamés Blanco, hay muchos que saben "otros no", de mi larga estadía dentro de las montañas del estado Aragua -#Venezuela, muy puntualmente en la zona llamada Las Trojas, en el pueblo de Turmero. Esta incursión dentro de estas montañas dejó muchas vivencias en mí, y esta que les relataré es una de ellas.

Una mañana de febrero del año 2011, me dispuse a partir a la bodega más cercana que quedaba a mi casa en aquella #Montaña, donde habitaba un señor llamado " Quintín" en un sector que le dicen los lugareños Cobalongo a unos 40 kilómetros a pie de camino totalmente montañoso y empinado, acompañado de mi perro Lobo y de mi burro Platero, fue una caminata vigorizante como todas las demás con un excelente paisaje, olores, sonidos y sensaciones.

De regreso hacia mi casa, a eso de las 3 de la tarde por la zona de "La Porsia", me separaban unos 10 kilómetros de camino para llegar a mi hogar, cuando escuché a mi perro Lobo ferozmente luchando dentro de la maleza, me acerqué y estaba encima de otro canino, quité a mi querido amigo cuadrúpedo de encima del otro, y este me agradeció moviendo la cola.

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El perro ajeno era marrón casi chocolate y tenía una pechera verde oscura. Revisando a ver si tenía heridas, me fijé que por la parte de abajo tenía una bolsa amarilla, la cual estaba fijada a los amarres con una liga de goma; pensé que el animal me atacaría pero no, se dejó quitar la bolsa como esperando que alguien lo hiciera.

La bolsa que encontré contenía una serie de hojas de cuaderno muy bien organizadas y enrolladas por una especie de mecatillo rústico, y a su vez aplastadas a manera de compactarlas, como si el que las amarró a aquel perro tuviera la idea de ahorrar el mayor espacio posible.

Al llegar a la casa, no comenté sobre las hojas, aunque por el extraño perro sí me preguntaron y solo dije que se nos unió en el camino. Después de un buen baño, me dispuse a revisar cuidadosamente el contenido de aquel misterioso hallazgo, era un compendio de cartas escritas por una joven llamada Venecia Flores, y esta es la primera muestra que me animó a presentar ante la luz pública, ella solo enumeró las cartas y yo tuve el atrevimiento de ponerles nombre.

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Yo te cuidaré: Carta #1

Soy una joven como todas las demás, tengo 16 años, soy Venecia Flores, no se por qué o cómo llegue a esta situación en la que me encuentro, solo sé que estoy aquí y quiero salir de este sitio; siempre me gustó la naturaleza, la playa, los ríos, me gusta leer mucho y me considero una buena estudiante, vivo en Maracay estado de Aragua, de mi familia no quiero hablar, porque no sé si esta carga llegue a las manos menos indicadas y se use esta información en mi contra o en contra de las personas que más quiero, solo espero que sea encontrada por alguien que me pueda ayudar.

A principios de enero del 2011, mi familia y yo salimos al viaje de fin de año, ya teníamos dos años yendo a la playa por estas fechas, así que decidimos esta vez ir a la montaña, específicamente a un sitio llamado " Monte Oscuro" ( cerca de la Colonia Tovar), nos quedábamos en una casa que mi papá había alquilado. Al segundo día de estar en el medio de la nada en estos bosques, decidí aventurarme sola, a sentir la naturaleza, a oler las flores y experimentar el entorno, me alejé caminando y meditando sobre mis diferentes situaciones ( lo común, anhelos, amor, problemas, posibles soluciones) cuando de pronto...

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Todo se apagó.

Y me despertó una voz lenta, pesada, como si una gigantesca roca me hablara: " Hola extraña criatura", al abrir los ojos pude ver unas enormes botas de cuero marrón, eso sí, muy pulidas, subiendo la mirada unos pantalones de mezclilla bien planchados e impecables, sentados en una silla de madera algo rústica, más arriba una camisa manga larga muy muy blanca, y cuando estaba apunto de contactar la cara se desplegaron casi dos metros de humanidad y pude así tener una visión general de aquella persona. Era un hombre de unos 52 años, blanco de bigotes y cabellos negros abundantes, y aunque amistoso, se le notaba una autoridad preponderante y con mirada de chico " casi tonto" dijo con lenta voz:

- Hola soy Nico, y tú, ¿cómo te llamas?

- Venecia Flores, pero, ¿qué hago aquí?

Comencé a vislumbrar el entorno, estaba metida en un cubo gris, una habitación de 3 metros cuadrados aproximadamente cemento gris oscuro pulido. Techo, piso y paredes eran iguales en dimensiones y color. El techo era el techo, porque colgaba un bombillo de este, una pared, lo era porque tenía una puerta, por ende los cuadrados que seguían eran las demás paredes y el piso lo era porque había una silla y el colchón donde me hallaba tirada. Si no hubiesen ni sillas, ni colchón, ni puerta ni bombillo, se podría decir que estaba metida dentro de un cubo gris.

- Señor Nico quisiera ir a casa.

- Ahora no, extraña criatura, estás herida y yo cuidaré de ti.

En este tipo de instancias de la vida, es que nos damos cuenta muy tarde de ciertas situaciones y de los actos que nos llevaron a estas, en ese momento nos aferramos a la posibilidad de lo que sin duda es muy poco reversible.

Aproveché que el señor Nico salió y saqué el cuaderno de notas de mi bolso, dentro del cual esta todo, menos mi teléfono celular, hasta aquí escribo por los momentos, las grandes botas se escuchan muy cerca y no quiero que me descubra.... #Bosque