De principio a fin uno no sabe si Sonia Franco está actuando un guión o si se trata, en efecto, de un recuento biográfico en la cual ella es la protagonista de su propia historia. Esta sensación es refrescante en la medida en la que vuelve más íntimo el drama; pero la simulación es forzada aunque varias veces la artista llora.

El guión

No sería justo ir más lejos, sin decir que la importancia del acto es el fantasma de #Patti Smith. Todo gira en torno a la enigmática inspiradora del Punk, quien tiene un contacto permanente en la memoria espiritual de Franco. La construcción del guión es audaz pues se insiste varias veces en que la obra no gozó de un presupuesto considerable, por ello el peso de la atención se diversifica, no en vestuario, no en escenografía, sino en recursos técnicos que musicalizan y arrojan proyecciones de imágenes que nos guían hacia la profundidad del inconsciente.

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No se aclara si Patti destacó por añadirle a su retórica el uso de las drogas, si bien el primer recuerdo que expresa Sonia está anclado en la experiencia del peyote. Ella recuerda sensaciones similares a las que describe Aldous Houxley en cuanto a la percepción de los detalles... del color... del éxtasis del instante. La pieza por lo tanto toca de manera sutil un tema difícil que es el comportamiento y hábitos de una generación cuya filosofía derivó en la construcción de una realidad paralela, mas bien hippie que punk, de la cual sus padres formaban parte.

Patti conocía a la familia, según nos narra Franco, eran íntimos cuando ella llega al mundo, no puede soltar el recuerdo de la femme fatale diciéndole algo al oído cuando la niñez abría margen a la inocencia y el desconocimiento de la calidad de mujer que es, incluso ahora, Doña Smith.

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Tal vez lo que sucede en el escenario evita enfocarse en la lucha social de Patti, en su decadencia cuando trabajó en una fábrica, o su renacimiento en los 70´s gracias a su audacia y a la relación que mantuvo con Mapplethorpe, fotógrafo quién merecería un texto dedicado exclusivamente a la importancia de su trabajo.

Patti trascendió la crisis mundial del 68 y se montó al carro de la insurgencia ante el fracaso de un gobierno que quiso exterminar las alternativas al modelo social. Con sus poemas, su amplia gama de amigos artistas y músicos, con su talento oscuro, andrógino, chocante cambio a muchos jóvenes en una pugna que después se volvió contra el propio G.W. Bush cuando iniciaba la guerra contra Irak y hasta los premios Nobel celebraron las aportaciones al mundo de la oscura dama.

Sonia por su parte hace su lucha. Egresada de la escuela de teatro de la UNAM ha tenido una carrera tranquila colaborando y estelarizando teatro y cine digamos de alta cultura; nos extraña un tanto su participación en telenovelas que le han dado cierta resonancia.

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El talento de la joven ahijada de Smith rueda hacia la culpa y el misterio en el modo como sus padres vivieron sus vidas; y obsesionada contacta a la estrella para sacarle algunas pistas que le iluminen la senda acerca de su lugar en el mundo.

Mediante intervenciones documentales el recorrido hacia Nueva York se vuelve chistoso porque entendemos que la gran celebridad en el fondo tampoco es una blanca paloma y su estilo de vida dista mucho de los ideales de comuna que teóricamente compartió hace más de treinta años.

Entendemos que hay una conexión. Sentimos también con amargura que Franco emprende un camino hacia el desprecio y, por ende, hacia el sin sentido. Al regresar de su viaje se justifica un rechazo hacia ese pasado que no la deja en paz, que la confunde en los pasos que deben construir el futuro de su existencia.

Se agradece estar inmerso en esta historia, de una manera u otra nos contagia de la vitalidad en la expresión de algo que se despega de lo tradicional para aterrizar en las vertientes de lo posible en la dramaturgia contemporánea.

Noé por su parte comienza a despuntar como parte de una generación que Tavira critica por su falta de solidaridad. Crítico de la Jornada, Paso de Gato lo celebra en un momento que se hilvana con otras formas de arte en donde no hay crítica, aunque si una predisposición a regresar al ideal que activa el arte como instrumento para ir saldando una impresionante deuda social. #Centro Cultural del Bosque