Quien se dedica a la actuación no deja de trabajar hasta el final; es el caso de las actrices interpretando las variaciones que José Sanchís Sinisterra, hace a la obra de #chéjov, nacida en la década de los 30´s.

La Compañía Nacional de Teatro hace honor ha sus relaciones con España, atrayendo al veterano director y dramaturgo valenciano, quien aplica su característico talento en darle un giro contemporáneo a una obra que montara Stanislavsky, como referente del Teatro Ruso de finales del Siglo XIX.

El Teatro de La Orientación estaba casi a tope, tanto que el calor humano se volvió algo bochornoso, contrastando con las lluvias torrenciales y el planteamiento de la obra, que no deja de remitir a la crisis sociológica de la Rusia decimonónica.

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Sanchís depura la construcción dramática, para resolver la historia de las hermanas Prózorov llevándola a un minimalismo, del cual los propios inmortales, Chéjov y Stanislavsky estarían satisfechos, pues se borran todos los artificios para dejarnos ante una dialéctica entre la sociedad del Siglo pasado y las reminiscencias existenciales, que se filtran hasta nuestros días.

Sabemos que Chéjov se desvía tanto de la medicina, su verdadera ocupación, como de la ficción narrativa, para desenredar su perspectiva de la realidad zarista, sin éxito popular hasta que Stanislavsky honorable, actor, director, productor y maestro retoma el guión, para llevarlo al éxito que merecía, por su innovación estilística.

La propuesta conserva el espíritu de anular los artificios, de eliminar la acción y centrarse en el desgarre psicológico de las familias de clase media, cuyas vidas estaban enmarcadas entre la fantasía y la confrontación con la patética condición de la humanidad, que no es sino un embrollo de sentimientos amargos.

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Las tres actrices en escena

Ver a las tres actrices de la tercera edad nos da cierta ansiedad. El primer tramo de la experiencia no resbala y parece que se traban, olvidan o traslapan sus diálogos. Esto se justifica por el estilo del autor, que Sanchís respeta, pese a las alteraciones que vienen desde el idioma mismo, hasta la edad cronológica de las hermanas.

Pasado el primero susto, se aprecia confianza en el discurso de un drama que juega con cada variable estética, en el modo de contar una historia, tratando de hacer uso más de la imaginación del espectador, que del montaje escénico como tal, que no destaca; como no destacan tampoco el diseño de la iluminación o escénico.

Entre actos se ve que unas sombras cambian algunos muebles de lugar y listo; las actrices, sin salir de cuadro, ni cambiarse de vestido, sobrellevan el peso completo de la atención, demandada por el respetable, que a la mínima provocación ríe, aunque no se trata de una comedia.

No se entiende un hilo conductor con la realidad en México, nos resulta incómodo escuchar a las famosas estelares haciendo un esfuerzo por mexicanizar los complicados nombres y montarse sobre discursos, propios de otra geografía.

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Da la impresión de que han pasado más de 100 años, sin que alcancemos el grado de evolución que hubo en Rusia y fue llevándola a reclamar su lugar ejemónico, en el orden del mundo.

Incluso en las zonas más apartadas del gigantesco país, se confunde la clase media con la aristocracia francesa y - al mismo tiempo - se degrada con la intelectualidad de un campesino, que no tiene punto de comparación con la clase derivada del mestizaje mexicano.

No deja de ser universal la depresión, que nos lleva a aceptar el paso inclemente del tiempo y el consecuente olvido en el cual iremos cayendo, como las propias estrellas, que en sus mejores años trabajaron y fueron galardonadas, tanto en el teatro, como en el cine y la televisión.

Ninguna ha perdido su carisma, lo de menos es la edad; durante el encantamiento podría decirse que son jóvenes y van cayendo en la decrepitud aisladas de su niñez; en este caso por ley natural, de los reflectores pop, condenadas a seguir envejeciendo, sin saber qué es la vida o cómo hemos sobrevivido a tanto sufrimiento.

Al final se siente el abandono, en un parpadeo vemos la nieve caer y el frío metiéndose por las hendiduras del teatro. En un instante pesan décadas en nuestros hombros; las bellas regresan a ser grises personajes y vuelven a la sombra del olvido. #Centro Cultural del Bosque #eramos tres hermanas