Los pronósticos de los especialistas en turismo internacional dicen que las visitas de los ciudadanos estadounidenses a Cuba harán que se dupliquen el número de turistas a la isla.

Noticia que, cómo no, es una buena nueva para un país que lleva mucho tiempo pasándolo mal y al que las divisas que entrarían les vendrían como agua de mayo para mejorar la vida de un país que tiene como vecino de arriba a un emisor importantísimo de turismo en el mundo. Aunque los expertos no se ponen de acuerdo, las cifras en el caso más optimista serían de unos tres millones de visitantes al año.

Esta cantidad sería igual al número de visitas que ha tenido el país en todo este último año que ahora finaliza. El problema, sean cual sean las visitas que Cuba reciba, son las 60 mil plazas hoteleras que tiene la isla y que podrían verse desbordadas ante la previsión de que los Estados Unidos levante las restricciones de viajar a la isla que todavía se mantienen. Mientras el país construya los hoteles, un sector, el del alojamiento turístico gestionado por las personas particulares sería el más beneficiado.

Más de 7 mil 200 habitaciones hay en la actualidad de alojamiento privado, donde europeos, canadienses y estadounidenses son sus principales clientes. Desde 2011 en que Obama hizo más flexibles los requisitos cuando se entra por razones culturales, religiosos o por motivos económicos, este público incluso ahora lo tiene más fácil con las declaraciones de Obama y Castro.

El gobierno de Cuba está intentando ser previsor en la medida de sus posibilidades e intenta potenciar un sector que para ellos será estratégico, con la construcción de hoteles que signifiquen 10 mil habitaciones más en un plazo no muy largo de tiempo. La isla quiere ampliar su oferta a los cruceros, circuitos culturales o campos de golf que tan buena rentabilidad dan en muchos países con el clima de la isla. La economía cubana depende mucho del turismo, ya que es su segunda fuente de ingresos y tendrá mucha influencia en la modernización de un país que presenta una notable carencia de infraestructuras.