En España le nueva ley de #Educación, la LOMCE, eliminará la #Filosofía de buena parte de la Educación Secundaria. En México también ha existido este problema desde el 2011. Pero, a su vez, en Mendoza (Argentina) también se planea la eliminación de esta materia de la nueva educación secundaria que se implantará a partir del próximo curso escolar. En tales circunstancias no resulta extraño que buena parte de los filósofos, especialmente los amateur que todavía están en su periodo de formación y los que se dedican a la docencia, se pregunten por el sentido de esta actividad.

Aunque el hecho de que los filósofos se pregunten cada mañana, desde la época de Platón, para qué sirve su disciplina puede despistarnos, lo cierto es que hoy está justificado que nos hagamos esta pregunta. Pero no vayamos por el camino de las respuestas sencillas y aparentemente evidentes, porque entonces tiraremos piedras sobre nuestro propio tejado.

Leyendo los artículos de opinión de diversos filósofos sobre la desaparición de la filosofía en los sistemas educativos de sus respectivos países, uno se encuentra con una serie de respuestas muy parecidas, con idéntico espíritu, prejuiciosas y falsas. Son propias del filósofo que se desenvuelve en el ámbito académico, que se limitan a seguir una tradición tan antigua como la filosofía misma.

Uno de estos prejuicios es que la filosofía no es una actividad útil de forma inmediata, que consiste en la reflexión crítica y que tiene una función de carácter social difícil de apreciar. Este cantar se repite una y otra vez y es falso. Lo que es cierto es que en las facultades de filosofía no saben enseñar la utilidad del conocimiento filosófico que transmiten. El académico medio puede transmitir su conocimiento y lo que él sabe es contenidos filosóficos, dar clase e investigar filosofía.

Es normal que sea considerada inútil en los aspectos fundamentalmente valorados en las sociedades contemporáneas, cuando sus propios defensores la defienden tan inútilmente, tanto en España como en Argentina, México y, probablemente, en el resto del mundo. Si hay algo útil de forma inmediata, eso es la filosofía, materia tan versátil para la cual no existen, ni tan siquiera, dos definiciones iguales. Y si la materia tiene una naturaleza versátil y plural, igualmente la tiene el que la ha estudiado y ha sacado provecho de ella.

El bien, el mal, la verdad, el lenguaje, la ciencia, el conocimiento, la realidad, la belleza, la mente, la lógica, la muerte, el cosmos, la causalidad, el tiempo, el espacio, la existencia, etc. son temas de estudio constitutivos del currículum del filósofo. Sí, son temas abstractos, de marco conceptual o lo que se quiera, pero lo importante no son los contenidos en sí, sino las habilidades que desarrolla el filósofo para tener un dominio de tales contenidos o, al menos, buena parte de ellos. Son habilidades conceptuales y comunes a todas las actividades humanas.

Si asumimos que vivimos en la sociedad del conocimiento, entonces nada hay más práctico e inmediatamente útil que la capacidad de dominar complejos sistemas conceptuales y de desarrollarlos, de crearlos y de pulirlos. En el mundo en el que vivimos, caracterizado por el predominio del lenguaje escrito y por la aparición de un entorno virtual, una especie de mundo abstracto y conceptual en el que reina la lógica de las redes de información y que es metafísico en un sentido literal, la formación filosófica es, sin duda, la más inmediatamente útil de todas.