Tengo sobre mi mesilla el fantástico libro de Falcones, "La catedral del mar", cuya acción se desarrolla en el siglo XII en Barcelona. A medida que transcurre la historia, me doy cuenta de que inquisidores y señores feudales siguen haciendo de las suyas al día de hoy. Temo que en algún momento, aparezca el dueño de mi humilde tierra y solicite su derecho de pernada en la boda de mi hija. ¿Creéis que exagero?

Si extrapolamos aquellos tiempos donde los orines eran arrojados por la ventana, al momento actual, veréis que la diferencia es cada vez menos abismal. Y si no, que se lo pregunten a la #Familia de esta historia.

Un buen día, una familia del siglo XXI, los Manson, padres de dos hijos de 8 y 9 años, decidieron marcharse de la ciudad y hacer habitable un terreno en propiedad de cuatrocientos metros cuadrados. Su objetivo era no depender de ningún Estado, de crear su propia sustentabilidad. Se alimentaron de su huerto y de los huevos de sus gallinas.

Pasaron dos años de su vida trabajando en la jardinería y el cultivo ecológico, en un terreno que se encontraba en total abandono. Sus hijos están escolarizados; por esa parte, el #Gobierno no tiene nada que alegar en su contra.

Pero llegan a caballo los señores feudales del Consejo del Distrito que pretenden echar a esta familia de sus tierras por ser autosustentables, con el estúpido y burocrático argumento de que el terreno tan sólo se puede usar para cultivo. Quieren desalojarles y si hay resistencia, encarcelarlos.

Como quiera, que desde hace tiempo habían solicitado el permiso legal de habitabilidad, que les fue denegado por el Consejo en el 2009, hallándose aún en proceso de apelación. Hoy, los Manson viven dentro de una caravana. Y es que, señores, para concederles el permiso, debían mostrar un "plan sólido de negocios" pero, ¿qué van a presentar, si su intención no es negociar con lo que producen? Está claro que han sido estigmatizados por estar prácticamente fuera del sistema y no ser consumidores. Si volviera a la ciudad, esta familia, que vive completamente independiente del Estado, sin ningún tipo de ayuda económica, viviría como indigentes.

Anne Wallington y David Thompson, antiguos vecinos del pueblo, dirigieron sendas cartas al Consejo, alegando que gracias a esta familia, las tierras que se encontraban en un triste estado de abandono, habían sido recuperadas por los Manson. Y que, sobre todo, trataban de respetar las normas del Gobierno, en cuanto a medio ambiente. Pero, siguen en sus trece. La ley no ampara a personas como estas. Los estados capitalistas no van a permitir que cunda este virus de autosuficiencia, porque el chiringuito, se les vendría abajo. Vivimos encadenados a una sociedad de consumo, a la que la mayoría, seguimos el juego. Y digo yo, si le compran las semillas a Monsanto, ¿les dejarán en paz? #Ecología