Esta noche en todo el orbe millones de familias festejarán la Navidad, entre buenos deseos y, por qué no, alguna que otra emoción por ese reencuentro con seres queridos que en ocasiones sólo vemos en Nochebuena. Es la noche de la familia, de compartir, de dar, de sensaciones especiales.

Y también es día de regalos, de comer y beber como si fuese el último día, las personas se esmeran en poner sobre la mesa la mejor cena, el mejor vino, los mejores postres y luego, cuando llegan las doce campanadas, es el momento de los regalos que, por cierto, cada vez son, por la razón que sea, más caros.

Durante estos días de celebración, Navidad, Nochevieja y Reyes nos gastamos lo que no tenemos en una carrera frenética de compras que muchas veces es un sinsentido, porque si miramos fríamente el objetivo de Nochebuena es festejar la noche de la familia, bajo el hogar familiar de ser posible.

La magia era el compartir una cena junto padres, abuelos, hijos, esposa y puede que amigos más cercanos, algo que poco a poco se ha ido perdiendo, ahora en la gran mayoría de los hogares desde mayores a pequeños están conectados a la telefonía móvil, celulares o tablets, la comunicación se reduce a mensajes instantáneos o llamadas de teléfono en el mejor de los casos.

Por desgracia la unión familiar poco a poco se diluye, junto a los valores fundamentales de la misma, nos dedicamos a regalar lo último en tecnología o en ropa, el caso es destacar entre los nuestros pero de cara a los demás, que noten que estamos a la última y más, ¿qué cuesta? Pues no es problema, felices fiestas y prósperas deudas que ya pagaremos.

Otro punto es la comida, durante días el exceso de comida que ingerimos luego nos pasa factura en la báscula, la consecuencia menos dañina de todas.

Las fiestas ya no son lo que eran, ahora es poca comunicación personal, menos diálogo, todo más impersonal, las actuales fiestas navideñas son más que nada una invitación al consumo desmedido, sin casi control, el caso es gastar aunque no sepamos bien el porqué y el motivo real.

Puede que no se consuma en otro momento del año un buen pavo asado, un cerdo o cualquier otro tipo de comida, lo mismo con la bebida o incluso la vestimenta, ya ni hablar de los regalos ya sea para adultos o niños, aunque no sepamos bien si es necesario o no, pero lo importante es regalar lo último en telefonía móvil, en informática o en ropa.

En las mesas apenas si se escuchan conversaciones sino más bien los clásicos sonidos que emite la mensajería instantánea, los niños ya no juegan a los clásicos juegos sino que están inmersos en los juegos de sus tablets o de sus consolas que, por supuesto, son juegos muchas veces dedicados al culto de la violencia.

Son tiempos muy diferentes a los que aquellos que peinamos canas, cuando disfrutábamos de los padres, de la ilusión de abrir los regalos, de las risas, de los mismos y del calor familiar, hoy los niños aún no saben hablar pero ya saben quién es Papa Noel o los Reyes Magos, las fiestas han perdido magia e incluso verdadera razón de ser. Nos ha ganado el consumismo y nos ha invadido la tecnología, somos más fríos y más impersonales pero apenas si nos damos cuenta de ello. #Moda