Cuando aún se llora por el desconocido destino de miles de personas y la muerte de los estudiantes de Ayotzinapa, Monsanto, agazapado tras el dolor, se cuela en México.

La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), acaba de aprobar 132 productos transgénicos. Soja, canola, algodón y otros, entre los que se encuentra el maíz que abarca la mitad de esta escandalosa cifra. Es claro que el director de AgroBio México, Alejandro Monteagudo Cuevas, esté como pez en el agua. ¿En cuanto se beneficiará? Eso nunca lo sabremos, pero esperemos no contemplar su fortuna postrados en cama por una enfermedad terminal.

Existen pruebas científicas suficientes que dejan claro el perjuicio que los transgénicos ocasionan al medioambiente y el impacto dañino que provocan en el maíz originario de los campos mexicanos. Ahora, para colmo, estos terrenos se verán amenazados con la siembra de granos venenosos pero muy productivos para Monsanto y su camarilla. El maíz alterado genéticamente aniquila los antiguos cultivos. Nuestra salud y nuestros campos, les traen sin cuidado. Su ambición desmedida, les lleva a conseguir incalculables fortunas que jamás podrán llegar a gastar.

Cofepris se ha saltado a la torera el logro conseguido por un colectivo de civiles para evitar la proliferación del maíz transgénico, en un intento por proteger la biodiversidad de las tierras mexicanas.

Elena Álvarez-Buylla, investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México, reconoce en esto una clara traición que beneficia al monopolio de transgénicos y pesticidas tóxicos (glifosato), prohibidos en los países europeos. Pero la confabulación entre el #Gobierno nacional y las multinacionales agroalimentarias, ha hecho posible este desastre en el continente. Es evidente para la investigadora que existe una estrecha relación entre transgénicos y pesticidas y el aumento de graves enfermedades (cáncer).

Ante esta evidencia, queda claro que el gobierno mexicano no duda en jugar con la salud, a cambio de treinta monedas mortíferas. “Pan para hoy y hambre para mañana”. Eso ocurrirá cuando los campos queden yermos por siempre, tras varias cosechas de transgénicos. He aquí otro descarado crimen de Estado. El capitalismo no entiende de empatías. #El malestar que ocasionan las Enfermedades