Aunque aún no ha sido probado científicamente o, tal vez, lo oculten, como vienen haciendo con tantas cosas que pueden ser transcendentes para la humanidad, me gusta creer en la existencia de una renovada generación humana, que llega con la sagrada misión de concienciar y transformar este planeta en un lugar mejor. Desde hace años, se viene especulando sobre si la llegada de los llamados #Niños índigo es o no un hecho. Pero yo podría asegurar que tengo algunos muy cerca de mí.

Estos nuevos seres humanos, además de presentar un aura de un color azul intenso poseerían cualidades que de ningún modo pasarían desapercibidas. Llegarían cargados de nuevos valores y paradigmas que abolirían el dolor del planeta.

Dado que la ciencia aún no les reconoce como tal, sería interesante que los padres, discretamente, no pasaran por alto actitudes y comportamientos que consideren diferentes a los habituales en otros niños de la misma edad que sus hijos. Esto no quiere decir que deban educar al niño en esa firme creencia, cosa que, a la larga, no resultaría beneficiosa para el ego del chico. Sí debemos aprender a tratarles, fomentando la libre expresión y acción que reside en lo más profundo de su ser. Se estima que ya, en los años 90, estos niños estaban presentes en el 80% de la población mundial.

Según María Dolores Paoli, experta en Psicoespiritualidad, ya existe una confirmación científica basada en el ADN de estos niños. "Se trata de la activación de 4 códigos más" que les dota de un fuerte sistema inmunológico.

En la Universidad de California se seleccionaron un grupo de niños con estas características. Se mezclaron sus células con otras cancerosas además de altas dosis del virus del Sida. Sus células no respondieron a esta agresión.

Asegura Paoli que estos niños poseen un alto grado de intuición y grandes dotes telepáticas. Sorprende su facilidad para anticiparse al futuro y a percibir seres invisibles al ojo de un humano normal. La mayoría tienen dotes para la sanación y sus rasgos físicos no pasan desapercibidos. Tienen unos ojos grandes y penetrantes, son mucho más delgados, manejan a la perfección ambas manos y, en su mayoría, detestan comer carne y, lo más notorio y significativo: su lóbulo frontal, aparece más abultado. El hecho de no poder demostrar ciertos fenómenos, no significa que no existan. Con este pequeño repaso sólo nos queda confirmarlo por nosotros mismos.