Mucho se ha dicho que la verdadera humildad se muestra en el actuar. Y en las personas que ocupan altos cargos ejecutivos resulta muy raro verles mostrar esta virtud. Sin embargo, como del blanco al negro hay muchos matices del gris, no sería prudente generalizar, pues caería en muchas equivocaciones y dejaría de lado un gesto muy singular recientemente protagonizado por el titular de la presidencia de la república uruguaya.

Sí, si no lo sabías, Uruguay tiene un presidente humilde en acto y en pensamiento. Sus intereses políticos obedecen -como él ha mencionado en una conferencia realizada recientemente en la Cumbre Iberoamericana que congregó a varios presidentes en Boca del Río, Veracruz, apenas al finalizar el año anterior- a la moral. No le preocupan los intereses materiales que muchas veces persiguen los ejecutivos de alto nivel. Muy lejos de los intereses mezquinos, a José Mujica se le ha caracterizado por su política muy cercana al pueblo.

Más allá del oportunismo político, muchas veces presente en quienes ocupan un cargo de servidores públicos, la sencillez, humildad y amabilidad del presidente de Uruguay, José Mujica, no parece ser algo circunstancial. Así lo ha demostrado recientemente cuando dieron un "ride" a Gerhald Acosta, el empleado de una fábrica al que no dejaron entrar al trabajo y que se quedó varado en la carretera.

De acuerdo con lo contado por este ciudadano, después de que el pasado 5 de enero no lo dejaron pasar porque su credencial de identidad había vencido ese mismo día -lo que le impidió la entrada a su trabajo habitual en la fábrica de celulosa Montes del Plata-, él comenzó a caminar sobre la carretera pidiendo "un aventón" a alguien que pasara por ahí.

Según lo narrado por él mismo al diario El observador, a pesar del intenso sol que pegaba con fuerza en el verano de la parte sur del hemisferio, y luego de caminar largo trecho en cuyo tiempo pasaron cerca de 30 coches, nadie se dignó a detenerse ni a ayudarle, lo cual él interpretó como algo normal por la situación de la inseguridad pública presente en aquel país. Pero, de repente, una camioneta con placa oficial y un auto que venía detrás se detuvieron, y uno de los conductores le preguntó cuál era su rumbo. Gerhald se limitó a contestar; el conductor le dijo que se subiera en la camioneta de adelante y que lo llevarían hasta Anchorena, donde se encuentra, por cierto, la estancia presidencial. "Cuando subí dije: 'A esta mujer yo la conozco'. Era Lucía (Topolanksy, senadora y esposa de Mujica), con la perra Manuela, y Pepe venía sentado adelante. No podía creer que el presidente me estaba llevando".

Y aunque el viaje fue corto, y a pesar de haber perdido el día laboral por el incidente de su carnet de identidad, Gerhald confesó que la experiencia del "raid" había valido la pena. Para bien o para mal, y como dice la canción "Pedro Navaja" interpretada por el salsero Rubén Blades: "la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida", y parece ser que nada ni nadie, incluidos los momentos y las personas tan singulares como estos, son tan predecibles como pudiera pensarse. Aunque, claro está, de personas como José Mujica ya sabemos algo de lo que se puede esperar.