Los días van pasando y la sociedad se va trasformando desde muchos aspectos. Los niños nacen con capacidades más avanzadas si es que así se le puede decir, son más activos y aventureros en sus primeros años, los adolescentes son más arriesgados, inclusive atentando con su propia vida sin medir las consecuencia de sus actos, actúan de acuerdo a un código del líder de la manada, el mal llamado compañero estrella o manipulador.

Se ha perdido en muchos casos el criterio y solo se actúa por emociones, los adultos son absorbidos por una sociedad de consumo que a cada día dicta reglas sin fundamento en la cual si no tiene cosas materiales no eres nada, si no tienes un buen carro, la mejor casa o apartamento, el extraordinario empleo y todo aquello que le dé un mal llamado estatus, formamos a nuestros hijos pensando y actuando de la misma manera.

Estamos perdiendo la sensibilidad de seres humanos, cuando queremos dar o contribuir con alguien que lo necesita lo hacemos por lástima en muchos casos, o por cumplir un código falso de: mira yo le doy, pero sin sentirlo en su interior o simplemente los ignoramos. Degradamos al ser humano cada que podemos y eso es lo que le enseñamos a nuestros niños y ni hablar de los buenos modales, no saludamos y muchos menos pedimos un favor porque creemos que con hacerlo somos menos.

Somos consumidos por complejos de inferioridad, y ni qué decir de dar gracias por los favores recibidos y el pedirle un permiso a tus semejantes para pasar en un lugar público o levantarse de la mesa, sí que menos, ¿será que los que hacen eso les gustaría que los empujaran y les falten al respeto?, en muchos casos predicamos pero no aplicamos, y esas son las enseñanzas que les damos a las nuevas generaciones.

Y si hablamos de los adultos mayores o los mal llamados viejos, como el mueble antiguo que no sirve, no los entendemos, los juzgamos cada que se quiere, se nos olvida todo lo que hicieron por nosotros cuando estábamos niños, definitivamente tenemos amnesia, los visitamos porque nos toca, no colaboramos y surge una frase que escuché en alguna ocasión: "No lo aguanto, hay que llevarlo a un hogar geriátrico", será que ellos nos manifestaron lo mismo cuando niños y éramos insoportables; lo dejo para que lo meditemos y emprendamos un nuevo camino de reconstrucción de una sociedad que ha perdido sus valores y principios.

Es momento de poner nuestro granito de arena para que en los próximos años nuestras nuevas generaciones puedan ser más sensibles y comprometidas con la colaboración y el apoyo por los demás partiendo desde el autoestima, valorando quiénes son para que puedan valorar a quien les rodea, es una labor ardua pero sé que lo podemos lograr si cada #Familia cambia de actitud, será la mejor manera de trascender en la vida y así dejar un mundo mejor a las nuevas generaciones. #Padres hoy #Psicología