El mes pasado una noticia causó gran expectación y hasta cierto grado de morbosidad, cuando se supo que en una tintorería, ubicada en la delegación Tlalpan del Distrito Federal, una joven mujer permaneció encadenada durante dos años realizando trabajo a marchas forzadas.

La realidad superó la ficción, sin duda, porque quién puede pensar que en pleno siglo XXI la esclavitud aún existe en México.

Pero más allá de los golpes que recibió, la falta de alimento, la condición física en que se encontró o el descubrir quién o quienes fueron los culpables de tan despreciable hecho. La pregunta es:  ¿Cómo logró sobrevivir?

En una entrevista para una cadena televisiva estadounidense (Noticias Mundo Fox)  Ana relata su historia y dice: "Dios siempre estuvo conmigo".

Desde el punto de vista de la fe, definitivamente tendría que ser un milagro, ya que desde el ángulo de la ciencia, existía mucho mayor probabilidad de que muriera. Se ha comprobado que beber agua destilada de los residuos de la plancha, como ella lo hacía, no hidrata, sino por el contrario hace que el cuerpo humano elimine líquidos.

Asimismo, comer el plástico que se usaba para cubrir la ropa de los clientes en repetidas ocasiones, no solo le pudo provocar asfixia por la probabilidad de atragantarse, sino además una obstrucción intestinal, dado que ese tipo de material es de difícil digestión.

Ana asegura que por su fe y su comunión con Dios cada día sigue viva y con un ánimo envidiable para sanar sus heridas físicas, sus lesiones mentales, recuperarse y verse a futuro como una excelente repostera, actividad que consideró muy atractiva pues, desde una rendija del cuarto donde permaneció en cautiverio, alcanzaba a ver un programa en el que preparaban hermosos pasteles.

La lección que deja al mundo esta mujer de 22 años de edad, con un cuerpo desgastado como si tuviera 81 años, es que cada uno de nosotros puede ser libre de la esclavitud impuesta por terceros o la que se adjudica uno mismo con acciones y/o pensamientos negativos. ¿Usted de qué es esclavo?. #Familia #Psicología #Derechos