La violencia es un mal que se ha ido extendiendo por nuestra sociedad contemporánea. Muchos dicen que sucedió durante 1990, otros, se lo atribuyen a los contenidos cada vez más gráficos de las noticias, programas de televisión, historietas, videojuegos, películas y juguetes... Y muchas otras más, pero eso, es sólo un distractor, un intento desesperado por resolver el problema de la manera más antigua que se conoce: buscar culpables. Cuando, para éstos menesteres, en algunas ocasiones, lo único que debemos hacer es apuntar el dedo hacia uno mismo.

Y es que en México, más específicamente en el estado de Chihuahua, el horror llega. Pero no como el de las películas o en la literatura, tomando formas monstruosas, deformes e inhumanas, sacando a la luz a los monstruos más inhumanos y desagradables. No, en este caso, el terror adopta la forma más inocente y tierna de todas, la de un niño. Seres que por lo general tienen una visión del mundo que no conoce la maldad, ni el salvajismo, ni la crueldad que algunos de sus contrapartes adultos tienen.

Para quienes no estén al tanto de la situación (que no es su obligación estarlo, pero es necesario para poder tratar de entender de lo que estamos hablando), es importante saber que se trata de uno de los estados del país que ha sido más asediado por el Crimen Organizado. Y por si aun existiera alguien que no supiera el significado, rápidamente, se trata de grupos criminales estructurados que se dedican, entre otras cosas al comercio de drogas (enervantes) ilegales, armas, secuestran, matan, asesinan y en ocasiones, combaten a las autoridades. Además de ser parte de la Zona Fronteriza Norte, la cual colinda con Estados Unidos.

La tragedia comienza con la muerte del menor de 6 años de edad, Christopher Raymundo fue asesinado por otros cinco niños, quienes al parecer estaban emparentados con él. Aquí se puede ver lo verdaderamente alarmante, la relación que existía entre los victimarios y su desafortunada víctima. Pero eso no es todo, lo peor se encuentra en que ellos realizaron ésta detestable acción mientras "jugaban a secuestrar", cosa a la que nunca deberían jugar los pequeños.

El caso se torna todavía más aterrador, ya que, de acuerdo con declaraciones de la abuela del finado, comenta que su manera de actuar estaba demasiado planeada y cuidada como para ser un juego, supieron perfectamente como enterrarlo, pusieron un perro encima para que les fuera difícil encontrarlo y todavía colaboraron en su búsqueda como si nada.

Desgraciadamente, al más puro estilo de cualquier película de Hannibal Lecter, hay más que nos puede helar la espina y llenarnos la piel de un sudor helado. Resulta que éstos menores torturaban y mataban animales domésticos, robaban y que incluso ya habían sido detenidos. Sus edades oscilan entre los 11 y los 15 años y, desafortunadamente, a pesar de que han sido detenidos por sus monstruosas acciones, la ley tiene un tremendo hueco que impedirá dar justicia a la familia del pequeño Christopher.

Pero uno se pregunta, bueno, al menos yo lo hago, ¿dónde estaban los papás de éstos menores?, ¿qué tipo de #Educación les dieron?, ¿estuvieron ahí para ser buenos ejemplos?. Porque como comenté al principio, lo fácil, lo cómodo es culpar a la televisión, a las noticias, a los videojuegos, etc. Que no es que no tengan parte, pero, desafortunadamente, lo que pesa más, lo esencial, es la educación, pero no la que se imparte en las escuelas, sino la que viene en casa, la de papá y mamá