El contenido televisivo que consumimos día con día depende mucho del medio que lo emite: no es lo mismo lo que oferta la #Televisión pública que la televisión comercial, así como no es igual lo que ahora consumimos en esta pantalla o el que vemos vía #Internet. Existe la creencia de que esta nueva plataforma de distribución permite la exposición a temáticas mucho más libres y diversas, y esto ha comenzado a suceder de manera parcial (pero importante), sobre todo en cuanto en el campo de la ficción.

Netflix, la compañía de distribución y ahora producción de contenidos cinematográficos y televisivos que nació en 1997 y se lanzó al streaming en 2007, ha encontrado en la creación de sus propias series un acierto para todos aquellos que tienen el poder adquisitivo para pagar el servicio y disfrutar de la experiencia del consumo individual, que eventualmente se vuelve colectiva tras compartirlo en redes sociales o de boca en boca. Así es como grandes y chicos se acercan a estos productos que hasta el momento han abordado diversos géneros de la ficción: drama, comedia, historia, suspenso, animaciones.

La empresa ya cuenta con sus propios clásicos, como House of cards, Orange is the new black o Marco Polo, sin embargo dentro de su oferta hay algo a considerar: los grupos sociales a los que se pretende llegar como público meta, especialmente en cuanto a los rangos de edad. Es por ello que el estreno de Grace y Frankie representa no sólo la oportunidad de actores, actrices y productores de explorar otros panoramas que la industria televisiva o cinematográfica ya no les ofrece, sino la posibilidad de enganchar por 13 episodios a un público de más de 60 años, en una comedia donde pueden sentirse identificados con situaciones como la amistad, la vida laboral, la familia e incluso (y por supuesto) la tecnología.

Grace y Frankie es la historia de dos mujeres que no se caen nada bien cuyos maridos son socios desde hace 40 años, mismos que desde hace 20 llevan una relación homosexual y se arman de valor para comunicárselo a sus esposas, anunciándoles que además tienen el deseo de casarse. Lo que resulta a partir de este acontecimiento son capítulos que fluyen en la reflexión y la risa, con buenos guiones y sobre todo que permiten apreciar la capacidad actoral de sus protagonistas Jane Fonda (The Newsroom), Lily Tomlin (The West Wing), Sam Waterson (La ley y el orden) y Martin Sheen (The West Wing), y la nueva propuesta de la productora Martha Kauffman (Friends).

Por supuesto que si hablamos de propuestas incluyentes nos referimos a una audiencia occidental de un estrato social específico, que, al igual que los personajes tengan acceso a computadoras, smartphones, y una cierta estabilidad económica producto de los exitosos años de trabajo. Si se tienen estos requisitos se puede disfrutar mejor esta propuesta que toca temas complicados de encontrar en otros medios: la homosexualidad masculina y las relaciones amorosas entre personas de más de 70 años.

Si bien Netflix no es la única que produce sus propias series enfocadas en estos temas tabú (Transparent de Amazon, que aborda la historia de un hombre mayor transexual), en México tiene una presencia importante con 1.2 millones de suscriptores, y por el momento de antoja como una de las opciones de calidad que podemos encontrar navegando por internet donde las diversidad figure como un tema central.