Las  estadísticas sobre el secuestro en México tienen nula importancia en ocasiones. Hoy, no hace falta saber si el número de casos va a la baja o si ha tenido un repunte en el último mes, cuando nos enteramos que en nuestro país un grupo de adolescentes del Estado de Chihuahua tomaron de su entorno una herencia de maldad que los impulsó a matar con saña a un pequeño de 6 años de edad, a quien le dijeron que jugarían al secuestro.

Existen varias vertientes que deberíamos considerar: La primera es qué pasa en las familias de México, dónde están sus valores, qué le enseñamos a las nuevas generaciones y sobre todo qué ejemplo les damos, porque el descuido y la indiferencia ha convertido a muchas personas en seres que van en contra de su propia naturaleza humana.

La conmiseración, el amor por los demás, la empatía, la amistad, la moral y la educación, son lamentablemente, en algunos casos, aspectos desconocidos y  nunca practicados en la vida cotidiana.

Siempre queremos culpar al Gobierno sobre lo que pasa en México y aunque es indudable que existe responsabilidad, también es cierto que tenemos que empezar por nosotros mismos para que haya cambios significativos de conducta en la sociedad. 

Es urgente poner una solución a todo esto, no solo para escribir las memorias de un foro o fingir que se está trabajando en pro de los grupos vulnerables. Es indispensable crear programas y aplicarlos para que los maestros y los padres de #Familia que conviven con este tipo de #Niños "contaminados " por la maldad, puedan detectarse a tiempo y sean ayudados para evitar tener en el corto o mediano plazo una nueva generación de secuestradores, delincuentes o parásitos sociales.

Si bien es cierto que detener a las bandas de delincuentes tiene mérito y era una acción obligada o necesaria para lograr un mejor ambiente para poder vivir sin miedo, ahora se pone a la luz de los reflectores la necesidad de sacar una radiografía e identificar que raíces dejaron esos delincuentes en todo el país porque, semejante al cáncer, "han hecho metástasis" y quizá no tenemos idea hasta dónde ha llegado el mal.

Cortar toda herencia negativa de la vida de nuestros niños y jóvenes depende  de cada uno de los adultos que aquí vivimos, incluyendo padres, maestros, gobierno, y líderes de toda actividad que se realice en grupo.

Que los niños vuelvan a jugar al avión, el resorte, las muñecas, los carritos, que corran en los parques y se diviertan con la pelota, debería ser el objetivo de todos.  #Psicología