Ser figura pública tendrá su lado encantador y a la vez fastidioso como piedra en el zapato. Mientras desde el anonimato, los de salario "estirado" y deseosamente digno percibimos indignados los dolorosos números en pobreza frente a la insensatez de quien ocupa un puesto diplomático: la ex actriz #Angélica Rivera, cuya incómoda piedra en el zapato de ser la primera dama y presidenta del Consejo Ciudadano Consultivo del DIF Nacional la puso bajo la lupa, o se puso cuando un dato se sumó al bullicio en redes sociales hasta el escándalo.

El problema no es que disfrute de lo que sus 25 años como actriz dejó en su cuenta, sino la falta de sensibilidad de ser quien es hoy y ostentar más allá de lo esencial: dejando de lado su multicitada casa, están los onerosos trajes en su visita al Reino Unido cuyo valor superó cien mil pesos y el vestido de graduación para su hija en tiendas exclusivas de Beverly Hills, donde los atuendos oscilan entre 9 y 20 mil dólares. Y aunque finalmente no se supo si lo compró, se rumoró que el costo en vestidos correría a cargo del erario público; pero yo asumiré que pretendió pagarlos de su propio bolsillo.

Si bien usted, señora Rivera de Peña, no es responsable de la pobreza o del estancamiento del salario en #México, su nula muestra de humildad es como comer pan frente a los pobres. ¿Cuántos mexicanos saciarían cuestiones de primera necesidad con un pellizquito de lo que usted pretendió gastar en un vestido? ¿Cómo se lo explico?... ¡ah, ya sé! Con un kilo de tortillas, al fin usted sí es "la señora de la casa": el dólar anda por los 15.56 pesos, es decir, el vestido de 20 mil equivaldría a unos 311,200 pesos. Con un costo de 11 pesos podríamos comprar 28,290.90 kilos de tortilla que ayudarían a alimentar por un día al mismo número de familias de escasos recursos. Conste que hablo de los que menos tienen, lo cual no significa que la clase media, en franco declive, deje de pasar penurias para completar el gasto. Lo digo desde la cotidiana e incómoda piedra en mi zapato.

De ama de casa a señora de la casa: ¿por qué no imitar a su homóloga estadounidense? De quien, se dice, usa atuendos de 40 dólares para eventos oficiales, o donar algunos de sus lujosos vestidos a asociaciones en pro de niños autistas o mujeres con síndrome de Turner, a quienes ha acompañado en sus eventos. Con ello quedaría acorde a las imágenes de solidaria primera dama que muestra en su página web junto a personas de escasos recursos, cuyas ropas bien podrían ser remendadas, de segunda mano o baratijas que desentonan con su elegante outfit.

Si bien no le es fácil escapar de los paparazis mientras se da gusto con el fruto de sus ingresos actorales, de más está que proclame su intención de trabajar "en favor de quienes más lo necesitan" mientras exhibe su ostentosa vida en revistas de socialitè. No necesita atuendos exorbitantes para mantener la dignidad y el estilo, mientras intenta ser congruente con lo que ofrece en pro de quienes sufren de una inequitativa distribución de la riqueza. #Gobierno

Es indignante, pues, el derroche de quien debería mostrar humildad ante la comunidad con la que se fotografía como bienhechora, ese sector que no se asemeja ni tantito a la que usted visitó en Reino Unido ni a la que camina por los centros comerciales de Beverly Hills. Un poco de sensibilidad y menos altivez es lo mínimo que pide la población anónima mexicana, cuyas necesidades dice usted velar desde su conmovedora página web.