Lo volvió a hacer. Apenas un par de meses después de escribir en Twitter comentarios discriminatorios hacia los mexicanos tras el triunfo de Alejandro G. Iñárritu en la entrega de los premios Óscar, Donald Trump vuelve a la carga contra nuestro país en un evento del 16 de junio de 2015, en el que anunció su intención de contender por la presidencia de Estados Unidos.

Su discurso, lleno de prejuicios y resentimiento, marcó un nuevo rompimiento con los inmigrantes hispanos y provocó gran cantidad de reacciones. ¿No aprendió de la lluvia de críticas y burlas desatada en su contra tras sus ataques al director de Birdman? Al parecer no.

Resulta sorprendente este tipo de desplantes en esta época de corrección política, en la que poca gente se atreve a expresar abiertamente sus prejuicios hacia las minorías, aunque en realidad conductas de este tipo no son novedosos en la trayectoria del magnate inmobiliario. Desde 1973 podemos encontrar evidencias de trato discriminatorio en las empresas dirigidas por Trump, aunque en esa época nuestros paisanos figurábamos bastante menos en la Unión Americana y sus prejuicios se dirigían a personas de raza negra.

Hoy la población hispana es la primera minoría en Estados Unidos, la que más crece en nacimientos, influencia y desarrollo económico. Por eso Jed Bush, el precandidato republicano mejor posicionado hasta ahora, empezó su campaña con una propuesta prácticamente bilingüe.

Podemos tachar a Donald Trump de muchas cosas: extremista, intolerante o fanático, pero no creo que sea un tipo inocente. Si empieza su precampaña con una plataforma basada en el odio es porque sabe que hay un segmento no menor de la población de Estados Unidos que piensa de esa manera, que ve con recelo la #Inmigración de los mexicanos, además del creciente papel de otras minorías.

Son generalmente personas de ascendencia caucásica y un nivel educativo menor al promedio del país. Son individuos con una ideología profundamente conservadora y reacios al cambio. Son gente como Dylann Storm Roof , el joven acusado de iniciar un tiroteo en una iglesia negra de Carolina del Sur la misma semana del discurso de Trump. “Tuve que hacerlo”, dijo. “Están tomando todo el mundo”.

Por algo la bandera confederada, símbolo del divisionismo y segregación sureñas, es todavía parte de los emblemas de estados como Georgia, Mississippi o Florida. Quizá no nos guste pensarlo, pero ese Estados Unidos todavía vive. Y ahí están Dylann Storm Roof y Donald Trump para recordárnoslo. #Racismo