Una falacia suele convencernos psicológicamente porque a primera vista nos parece verdadero, justo, comprensible pero no lo hacen a través de razones.

Hay muchas falacias en el lenguaje cotidiano, sin embargo hay una de la que debemos tener especial cuidado e identificarla en todos los discursos. La falacia Ad hominem. Esta falacia consiste en atacar y o descartar un argumento por la persona y no por el argumento en sí. Esto ocurre cuando antes de revisar o prestar si quiera atención ante un argumento o idea, se rechaza la idea no por que la idea sea mala, equivocada o ambigua sino por el hecho de ser emitida por una persona especifica. En este sentido la falacia ad hominem puede entenderse como un prejuicio hacia las personas que impide establecer un dialogo racional.

Tal falacia abunda cuando se trata de hablar de política, pues antes de conocer a un candidato o político, su honestidad, su trabajo, su experiencia en su campo laboral, su eficiencia etcétera suele juzgarse por el partido político al que pertenece.

La población sabe por experiencia como funciona o los intereses específicos de tal o cual partido, y suele meterse en el mismo costal a todos los candidatos, esto también es una falacia, se llama generalización apresurada, pues al no conocer todos los casos no se puede afirmar que todas las personas sean como sus compañeros. 

Estas falacias siempre son deben tomarse en cuenta pues no es el caso que todas las personas de un partido tengan los mismos vicios o las mismas virtudes de sus compañeros. Esto aplica cuando la gente espera que porque hubo un candidato honesto de izquierda todos los miembros de su partido vayan a serlo, esto nos lleva a grandes desilusiones y es fulminante porque es una decepción de quien no se esperaba.  Así mismo, también puede esperarse un buen político de un partido podrido, 

La falacia 1 (Ad hominem) es un ataque hacia la persona y no su razonamiento, ejemplo;  no hay que escuchar a los del partido PRI, o a los del partido del PAN, porque son vende patrias. 

Falacia 2, (generalización apresurada) pensar que todas las personas de un grupo son iguales, ejemplo; todos los candidatos de PRI son rateros, todos los partidos de izquierda son diferentes, son honestos.

En la política lo que debe de analizarse es el discurso, que no sea mera propaganda apelando a nuestros sentimientos o condición social y económica, sus discursos deben estar fundamentados a través de la razón, y no porque todas las personas deban ser racionales todo el tiempo en todos los aspectos de su vida, pero una persona que ocupara un puesto público importante requiere estar a la altura de las circunstancias.

Y finalmente no pensar que en tal partido solamente hay mesías, que traerán paz y democracia al país, o que cierto partido solo produce gente nefasta. El resultado de una buena política consiste en revisar la competencia de una persona para desempeñar el puesto, que sus propuestas sean benéficas para el pueblo y finalmente que se cumpla su compromiso, lo cual es más probable si sucede lo primero. 

En varias partes Morena ha ganado las elecciones, en el caso de la ciudad de Xalapa urbano, la democracia puso a Morena en el ambiente político, se esperan grandes cosas de ellos y pese a que varias partes del estado aún pertenecen al PRI, ganar la capital del estado de Veracruz es la peor ofensa hacia el PRI, es un balde de agua fría a quienes se sentían eternos, Si hacen las cosas bien en las próximas elecciones Morena podría repetir el resultado, pero repito, hay que analizar a los candidatos y no los logros o delitos de sus compañeros, finalmente queda vigilar que desempeñen un buen trabajo.

Y los lugares donde gano el PRI o el PAN se debe vigilar doblemente su trabajo, que cumplan lo que dijeron.  #Política Veracruz #Elecciones 2015