Los medios de Comunicación se han dedicado a crear, a través de los años, una identidad para la sociedad y una personalidad homogénea para el mundo.

Desenfocando nuestra atención de las cosas verdaderamente importantes, los medios se han dedicado a decirnos lo que debemos vestir, decir, hacer e inclusive pensar y, nosotros, como sociedad, felizmente hemos aceptado estas limitaciones porque es mucho más fácil sentarnos a ver cómo la vida pasa, sentarnos a juzgar y criticar lo que vemos en la #Televisión, en lugar de hacernos conscientes de las cosas que realmente importan.

Pero, ¿quién va a querer pensar en el robo de la libertad, la falta de identidad y la homogeneización del pensamiento cuando podemos hablar por horas de que ya viene el final de la novela, que en el partido se fueron a penales o que una celebridad debería no haberse cambiado de sexo?

Cualquier persona que se destaque por un hecho “relevante” ante los ojos de los medios de comunicación es elevada a un pedestal y glorificada solo por el hecho de sobresalir. 

Y nosotros, los espectadores, ya no nos preocupamos por pensar o por hacernos conscientes, ya solo nos tenemos que sentar cómodamente en nuestra sala a ver como la vida transcurre, disfrutamos la ignorancia y nos encanta, además, compadecernos de nosotros mismos. Creemos que nos conocemos porque pensamos que tenemos opiniones propias cuando, en realidad, solo estamos repitiendo lo que ya escuchamos o lo que ya vivimos, no sabemos a donde vamos porque, a fin de cuentas, la realidad es que no nos conocemos.

Vivimos a través de las celebridades y las telenovelas. Nuestra manera de actuar ante la sociedad la dicta el estereotipo mas pegajoso del artista de moda, el tema que discutimos es el que vemos del que mas se habla en Twitter y no nos sentimos actores activos del sistema si no tenemos Facebook.

Mientras más sabemos, menos nos importa. Buscamos la autenticidad, nos creemos alternativos porque nos vestimos raro o escuchamos música no-comercial, formamos sub-culturas, nos volvemos izquierdistas, creemos en López Obrador y, simplemente, pasamos a someternos a otra forma de industrial cultural.

La sociedad actual del vacío, del Narcisismo, del conformismo, del #Cine que vale la pena ver solo si es en 3D, del alcohol y la droga como respuesta a todos nuestros problemas, de los libros de Paulo Cohelo con frases bonitas y reconfortantes, de la comida orgánica, del yoga, tai-chi, del gimnasio y el cuerpo bonito antes que mente consciente, de facebook y twitter, del pre-copeo y el after. La sociedad del yo antes que los demás.


Lo cierto es que los actores de la sociedad pasamos nuestra vida buscando cosas con que llenar el vacío y rara vez lo conseguimos. Continuamos siendo actores de una sociedad en la que las interminables preguntas nos hacen optar por mejor sentarnos y dejar que se nos diga como actuar. Preferimos satisfacer el placer instantáneo y después ver como lidiamos con lo demás.

¿Y qué se hace para escapar de todo esto? Irremediablemente estamos sometidos al teatro social desde el momento en que nacemos. Nos hacemos actores el primer día de escuela y, desde ese momento, no podemos hacer nada más que volvernos conscientes. Buscar la libertad. Si no se puede libertad ante el sistema, al menos... ¿Libertad mental? ¿Libertad física? ¿Libertad Artística?