No cabe duda que la tecnología y la globalización cada día se hacen más presentes en la vida cotidiana, pues cuántas aplicaciones no encontramos en la red que sirven para algo en específico, desde aquellas que sirven para contactar personas, hasta las que nos permiten contratar algún tipo de servicio. Este universo virtual poco a poco se va apoderando de la realidad táctil; nos volvemos más dependientes a la #Tecnología, y sin embargo, esto ocasiona que sólo estructuremos opiniones a partir de un punto de vista unidireccional.

La empresa internacional Uber, fundada en marzo de 2009 por Garrett Camp y Travis Kalanick, viene a revolucionar el servicio de transporte en México, pues por medio de una aplicación móvil, los usuarios podrán enlazar con algún vehículo cercano a su ubicación para llegar a su destino. México, al abrirle las puertas a este servicio ha dado al mundo manifiesta intención de hacerse ver por los demás como un país primermundista.

Sin embargo, qué tan funcional puede llegar a ser Uber en un México que a duras penas va creciendo y a veces da respiros de ahogado. Aquellas palabras que Garret Camp pronunció durante la celebración del quinto aniversario de la aplicación -"Teníamos una idea muy sencilla, que un coche viniera a por nosotros con sólo darle a un botón en el móvil"- sólo son funcionales y adquieren un sentido concreto en sociedades donde el rezago económico no es tan latente como en México.

Pareciera ser que nos olvidamos que en ciertas comunidades cercanas a los centros urbanizados, donde las poblaciones están apenas en vía de urbanización, cuando no rurales, aún hay muchas personas que: 1. por razones económicas no pueden hacerse de un teléfono inteligente y mucho menos pagar un plan o contratar internet móvil; y 2. por razones culturales, gracias a un terrible rezago educativo, no saben utilizar muchas de las funciones de los teléfonos inteligentes; entonces, conociendo estos dos puntos, cómo esperamos que Uber sea completamente útil en poblaciones así, cuando lo más sencillo y familiar es esperar un taxi libre, levantar la mano y listo.

Uber, un servicio que se mueve bajo la apariencia; en realidad a un usuario promedio no le va a importar a qué tipo de vehículo se suba, pues lo mismo le da llegar a su destino en un Mercedez-Benz que en un Tsuru; sin embargo, así como tenemos este tipo de usuarios están los otros, aquellos que han gastado un mes de trabajo duro para comprarse un teléfono inteligente y poder sostener un plan de internet móvil, aunque eso implique descuidar otros tipo de gastos básicos, estos usuarios, quienes son los que siempre se mueven bajo el complejo de la hormiga convertida en elefante, creyendo que los "pobres e incultos" son la minoría en un México de hoy, optarán por Uber, porque les permitirá seguir moviéndose bajo su postura carnavalesca.

Otra de las desventajas con respecto a los taxis tradicionales es el pago por medio de tarjeta de crédito, como si todos los usuarios contaran con dicho plástico para realizar este tipo de operaciones. Debemos de considerar hasta qué punto México es capaz de ostentar un servicio de este tipo cuando aún le falta crecer en muchos otros aspectos; es claro que la población "urbanizada" tiene que comenzar a estructurar una visión multidireccional donde lo más importante sea la utilidad y no el cliché absurdo de querer moverse bajo máscaras. #Tendencias #Solidaridad