Para quienes recientemente se integran como lectores de esta columna, las colaboraciones de su humilde servidor tratan temas sobre #Arte, cultura y #Educación.

Hablemos hoy de la función transformadora del arte y la cultura, desde una perspectiva social.

Desde la óptica oficialista, el arte y la cultura son abordados con la intención de aplicar programas asistencialistas, y no sólo hablo de los tres niveles de #Gobierno (federal, estatal y municipal), hablo también de las universidades e instituciones de educación pública, cumpliendo a medias (y sólo a veces) objetivos que son diseñados desde el escritorio sin un análisis ni estudio de campo que respalden los programas de arte y cultura que a la larga, no impactan en la vida real de los ciudadanos de a pie.

Lo bueno

Desde hace algunos años (no muchos en realidad) la noción de impacto social ya permeó (también a medias) en las conciencias de políticos “amantes del arte y la cultura” y funcionarios de las instituciones encargadas de estos menesteres, y no sólo por motivos electoreros, sino por la necesidad de dar identidad contemporánea y un rostro propio a las expresiones y actividades que se realizan en zonas que les atañen directamente, pues la onda expansiva de la “globalización” se ha convertido en un peligro para la legitimación que estos políticos y funcionarios buscan o pretenden, y ante el embate de la ciudadanización y las iniciativas originadas desde las organizaciones no gubernamentales y las empresas culturales privadas, que los han orillado poco a poco a reestructurar sus estrategias y planeaciones, y que en el caso de Guanajuato, van extendiéndose a zonas urbanas marginadas y zonas rurales desde siempre desprotegidas.

Con la finalidad de rendir resultados ante la opinión pública, y a pesar del conocido oportunismo de los funcionarios de arte y cultura al intentar aprovechar el talento artístico de los creadores -que venidos desde sus propias iniciativas y esfuerzos, han rebasado la labor mediocre que las instituciones y gobiernos han emprendido en el ámbito mencionado-, se han creado de manera positiva, espacios y proyectos que son una buena oportunidad laboral (aunque sea eventual) para los artistas.

Lo malo

Como en toda actividad burocrática, en la elaboración de programas de actividades y proyectos culturales oficiales, el nepotismo y las consideraciones personales son los criterios que rigen las decisiones; coloquialmente conocidas como “amiguismo” y “compadrazgo”, estas prácticas se han convertido en una maldición para los creativos que no tienen el “don” de las relaciones públicas, ni de la “gestión cultural”, o que simplemente hacen crítica, la que por lo general es mal recibida y mal entendida por los personajes que toman las decisiones y elaboran la agenda en la cultura y el arte público, es decir, el que es de todos nosotros, los ciudadanos y ciudadanas, y que por supuesto, se paga con nuestro dinero vía los (escandalosos) impuestos que nos ha recetado -perennemente- el estado mexicano.

Lo innecesario

La concentración de tantos recursos económicos despilfarrados en los programas que buscan la presentación de “relumbrón”, el espectáculo de ocasión, donde los asistentes sepan que es ”patrocinado” por los generosos “mecenas” del gobierno y sus comités de selección (que deciden quién entra y quién es marginado de los programas y eventos), buscando las cámaras y reflectores, que por cierto, en nuestro estado, las revistas, periódicos y medios como la radio y la T.V. no buscan la creación de secciones especializadas, confundiendo el ocio y la página de “sociales” con el arte y la cultura, actitud por demás insultante que ya será motivo de otro artículo.

La visión de los artistas y creadores

La concepción de la utilidad del arte y su beneficio social ha sido siempre motivo de polémica; los que hacemos arte y activamos la cultura, sabemos el verdadero impacto transformador de nuestra actividad, pues se cambia –literalmente- la vida del público (sobre todo en las niñas y los niños), al entrar en contacto con la visión del mundo de los creadores que les llevan sus expresiones, y este encuentro se traduce no sólo en “probaditas” de cultura, sino en aportaciones que, para bien, dejan huella indeleble en el espíritu y la psique de los espectadores.

Deseando la sana retroalimentación con usted, amable lectora, lector, me pongo a sus órdenes en las páginas sociales.

*Hugo Almanza es periodista cultural, docente, actor y director escénico, productor y conductor de radio. Conduce “Guanajuato en La Hora Nacional”.

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Twitter: @HugoAlmanzamex

http://elotroenfoque.com/el-otro-escenario/

http://elotroenfoque.com/el-arte-y-la-cultura-como-herramientas-sociales-transformadoras/

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