Murió uno de los eslabones fundamentales del periodismo de nuestro país. No hay duda, a Jacobo Zabludovsky lo mencionarán los libros de historia sobre la materia, puede que hasta los libros de historia general de #México. Desde su histórico "hoy fue un día soleado" hasta su crónica espléndida entre los escombros en el año 85, el día en que la Ciudad de México desapareció, su fama se fundamentó en decisiones sin titubeos, contundentes y bien meditadas. 

Su imagen, polémica la mayoría de las veces, generó debates hasta los últimos días de su vida. Hace unos meses volvió a las #Redes Sociales cuando se corrió el rumor de que remplazaría a Carmen Aristegui en el noticiario de MVS. Hoy muchos también lo recordaron por su frialdad ante los hechos ocurridos mientras ocupó puestos importantes en los medios de comunicación, sobre decir la fama que se hizo con el 2 de octubre y la Masacre del Jueves de Corpus.

 Hoy me preguntaron qué pensaba sobre la muerte de Jacobo y si debíamos velar a uno de los personajes más cultos de la escena periodística mexicana (no para los que muestran la desafortunada entrevista a Salvador Dalí, sin contexto y sin saber que hasta Cristina Pacheco y Oriana Fallaci tropezaron de esa manera), pues hay que recordar que como fue culto también fue corrupto y soldado de "la religión del compadrazgo". 

La verdad, me encantó cuando el hombre habló sobre Churchill con José Ramón  y cuando habló sobre el terremoto del 85 en un momento apasionante que quedará para la posteridad. Tenía nivel el tipo, eso no hay que negarlo.

Fue una figura tan polémica que llegó a inspirar a novelistas y ¡hasta grupos de rock! "Que no te haga bobo Jacobo" gritó  Motolov en los años noventa y los Caifanes también le dedicaron algunos versos: "Yo no sé cómo es que ríe, es el comunicador".

Si dimensionamos las cosas, la ética en el mundo intelectual es ambigua. El escritor, por ejemplo,  puede ser un hijo de la fregada, puede ser fascista, mentiroso (porque su identidad casi siempre es la ficción), ególatra, aristócrata, racista, etcétera. Para desgracia de muchos, en el periodismo no es así.

En este momento leo "Los símbolos transparentes" de Gonzalo Martré y entiendo en qué contexto, casi jurásico, se desarrolló el periodismo de Zabludovsky. La historia ya lo juzgó incluso antes de que muriera, igual que juzgó a Chespirito y a Paz, genios que decidieron atrincherarse en sus comodidades.Y por bendición o desgracia parece que a Jacobo le tocó perder esta partida contra el tiempo. 

Para finalizar, cito a don Octavio Paz, que con todos sus defectos siempre tenía algo que decir sobre las cosas que pasan a la historia: "Enaltecer o aborrecer a las figuras históricas es un ejercicio estéril. Hay que comprenderlas". #Política Ciudad de México