Cuatro institutos de seguridad social de carácter federal, y treinta y uno de carácter local, más el Sistema de Ahorro para el Retiro (SAR), no garantizan la tranquilidad de los mexicanos que viven de su trabajo. No la garantizan porque todos operan en condiciones precarias, debido a la falta de recursos para contratación de personal, equipamiento y abasto de medicamentos, mientras se pregona la idea del "seguro universal", que dista mucho de hacerse realidad porque los patrones evaden sus responsabilidades y el Estado, que maneja los recursos de todos, no canaliza lo suficiente a los que dependen de él ni obliga a la parte patronal a pagar sus cuotas.

El sistema de pensiones representa una limosna para los retirados, que no pueden vivir dignamente con el producto de treinta o más años de trabajo o con la donación de "65 y más" de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL), que se entrega a todos los mayores de 65 años, retirados o no, aunque tengan riqueza evidente para vivir; lo cual tiene como resultado una desigualdad en este estrato social, pues algunos tienen doble pensión, otros pensión escasa del IMSS o el ISSSTE y otros una misérrima "ayuda" económica que sólo sirve para conformarse con la miseria y renunciar a una vida digna.

Los menos, al retirarse contrataron una renta vitalicia con una empresa privada usando para ello la cantidad acumulada en su AFORE y determinada con base en dicho ahorro y los meses de vida que se estime que le quedan al interesado y, si falla el cálculo, el Estado pagará la continuación o la empresa entregará a sus deudos lo que le corresponda por las mensualidades no cobradas. Ahora se pretende incorporar a todos los informales al Seguro Social y ofrecerles créditos para vivienda a través del INFONAVIT, pero esto es sólo para incrementar la recaudación fiscal, pues el requisito es que se "conviertan en formales", es decir, que paguen impuestos.

En la realidad nos encontramos con que a una persona enferma de cáncer, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) le posterga la consulta por cuatro o seis meses y la medicina, otros tres, de modo que la reciben sus herederos, por si se enferman de lo mismo que su infortunado ascendiente; en el Seguro Popular a quien contrae dengue, enfermedad que sólo se controla y se "monitorea" por diez días por ser el tiempo estimado de duración del mal, se le entrega los resultados del análisis clínico catorce días después de tomada la muestra, para que sepa de qué enfermedad se alivió la semana pasada. Los hospitales son insuficientes para atender a la población necesitada de ellos y carecen del equipo necesario, consecuencia de lo cual es la reducción de servicios: la institución no cubre todas las enfermedades, los pobres no tienen "derecho" a enfermarse de los padecimientos cuyo tratamiento es costoso.

Las fuerzas armadas son quienes disfrutan del mejor sistema de seguridad social en su red hospitalaria exclusiva, su banco específico. Los militares y empleados de élite del Estado gozan de servicios de calidad y pensiones más elevadas que las demás y, en general, los trabajadores del Estado gozan de un status privilegiado: más días de aguinaldo, más vacaciones, mayores pensiones… estos son los que deben estar exentos de las tentaciones de la protesta social, pero también han sufrido recortes en sus #Derechos de seguridad social, y se les obligó a crear su cuenta y ahorrar en el SAR.