México es un país que tiene mas de ciento veinte millones de habitantes, el asunto gobierno-estado no es otra cosa, mas que una conjugación de voluntades entre los que gobiernan y los gobernados. Quizá lo que ha faltado entre los candidatos que llegan al poder es la voluntad para mantenerse con la visión puesta en las promesas de campaña. Teniendo en cuenta que, en primera instancia, es a la ciudadanía a quienes deben de convencer en la parte mas complicada: ¡El cumplimiento de la palabra empeñada! Por otro lado, están los gobernados, quienes demandan en sus dirigentes la voluntad de ser incorruptibles, aunque los mismos ciudadanos no tienen voluntad de serlo. Cuando se infringe la ley, en cualquiera de sus modalidades,-moral, espiritual, ética-, etc. Lo primero que hacen, como un mecanismo de defensa, es ocultar la evidencia de la infracción o buscan zafarse apelando a actitudes corruptas. Generando un círculo vicioso en el que ambas partes pareciera que no se percatan de su participación.

Lo dramático consiste en que no hay necesidad de mover grandes masas o bloques de población. No requiere de invertir millones, ni cientos de miles, ¡vamos! ni siquiera unas decenas de pesos. Basta con que se vayan sumando una a una las voluntades en un compromiso claro, fuerte y contundente. Pero esta es la parte complicada. Vivimos en una cultura donde lo que menos se nos enseña es a cumplir lo que decimos. Quizá por eso, el político que prometió en una campaña política, una vez alcanzado el objetivo borra de su mente los ofrecimientos.

La corrupción, la violencia, el alcoholismo, las drogas, la deserción escolar, la impunidad... Son problemas serios. Los noticieros nos muestran constantemente al funcionario corrupto; pero, las pláticas cotidianas con los compañeros de trabajo, familiares y vecinos nos enseñan que los malos actos también se ejecutan en el nivel mas básico.

¿Que tal si, por un día, nos levantammos cuando suene el despertador sin pedir otros cinco minutos? ¿Si cuidamos de no rebasar los límites de velocidad? ¿De no pasarnos el alto en el crucero? ¿Por que no hoy, nos comprometemos a no gritarle a nuestra esposa y a nuestros hijos?  Pero espere... Que pasaría si hacemos de esto un compromiso y lo llevamos mas allá, por una semana, por un mes, o, porque no ¿Como un estilo de vida?

Y, si además de eso, cuidamos de que no sea simple inercia, es decir, no solo el no hacerlo sino que, además nos comportamos con amabilidad, con respeto, siendo ejemplo para niños, jóvenes y demás. ¿Que cree que pasaría?. No se usted, pero yo pienso que habría cambios enormes y radicales. Por un día cuidando estos aspectos, yo me sentiría bien; por hacerlo unas semanas llamaría la atención de otras personas, máxime si explico que mi estilo de vida es la no corrupción. Y, ¿Si alguien mas o muchos se sumaran conmigo a vivir de esta forma? Sumando voluntades, compromisos, personas, familias, amén del tiempo y la constancia. ¿No cree usted que se conseguiría un real y permanente cambio social, cultural y político que genere una auténtica reforma nacional?.

Yo, por mi parte ya empecé. Me comprometí a no rebasar los límites de velocidad, no diré mentiras, si hago algo indebido asumiré las consecuencias, no me prestaré al soborno, no tomaré lo que no me pertenece, no gritaré en mi casa. Seré amable, tolerante, honesto, respetaré a las autoridades.

Para mi el cambio no es una utopía, es algo real. Cambiará mi vida, cambiará mi #México. ¿A que se compromete usted?


#Familia #Educación