El día de ayer, circulo en las páginas electrónicas de distintos diarios nacionales la noticia de la posible fusión entre el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el Partido de Trabajo (PT), derivado de la cada vez más segura desaparición como partido nacional del PT, la cual fue desmentida más tarde por la vicecoordinadora petista en San Lázaro, Lilia Aguilar.

La nota en sí resulta poco atractiva, más cuando el tema de novedad sigue siendo el despido de Miguel Herrera de la dirección técnica de nuestro representativo nacional de futbol. Sin embargo, dicha nota pone a relieve, una vez más, la imagen que todos los mexicanos tenemos de la izquierda mexicana —desorganizada, clientilizada, fragmentada y cada vez más lejana a la sociedad—.

Parece poco, pero al día de hoy a los partidos de izquierda ya no les importa construir una opción diferente a la que representa el #PRI y sus aliados, sino lo verdaderamente trascendental para ellos es seguir viviendo del presupuesto que les otorga el Instituto Nacional Electoral, sea cómo sea.

Sin duda, la aparición de MORENA en el ámbito nacional vino cambiar la relación de poder entre los partidos de izquierda, lo que ocasionó que estos tengan que hacer verdaderos malabares para conservar su registro, pero el costo parece muy caro.

El discurso de Manuel López Obrador (#AMLO), se escucha cada vez más viejo, las ideas del PRD y del PT se parecen cada vez más a las del rancio PRI de los 70 y los nuevos partidos políticos tampoco ofrecen una opción confiable, al ser representados por viejos líderes políticos de otros partidos o movimientos religiosos.

Mientras tanto, los jóvenes inmersos en un mundo lleno de tecnología, en la que pueden expresar abiertamente sus ideas políticas de una forma rápida, sencilla y eficaz, se alejan cada vez más de los partidos políticos, pues bajo su percepción los dichos organismos (de izquierda, centro o derecha), son la misma gata, pero revolcada, dejando que estos se apoderen de centros de poder y decidan libremente el destino de #México.

Ante ello, es evidente que estamos en una situación peligrosa, pues el envejecimiento de la izquierda ocasiona que ya no exista un sistema de contrapesos con el partido oficial ni con el Presidente, siendo que ahora lo importante es conservar una cuota de poder y no el bienestar de todos mexicanos.

Lo cual, pone entredicho la existencia en México de una verdadera izquierda, como ocurre en otros países como Chile o España, limitando las opciones de los ciudadanos para poder elegir un camino distinto al establecido, sin que el nombre de AMLO tenga la fuerza suficiente para aglutinar de nuevo a la izquierda de este país, sin duda un triste panorama.

http://mx.blastingnews.com/politica/2015/06/los-saldos-del-7-de-junio-para-la-izquierda-00430491.html

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